Mes: julio 2015

Perdida

David Fincher, 2014

Guión: Gillian Flynn (readapatación de su novela homónima)

Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris

Valoración: 

Fotografía: Jeff Cronenweth

Música: Trent Reznor, Atticus Ross

Para quien ha leído antes el libro, el film de David Fincher resulta ser poco más que una puesta en escena de la obra de Flynn, con pocas o ninguna aportación por parte de la realización. Se busca aprovechar el tirón de la novela, cuyo guión adapta la propia autora, resultando en una reproducción fidelísima, gracias en parte al buen desempeño de los actores principales. No se entienden muy bien, hay que decir en este punto, algunas selecciones de casting, especialmente para la detective Rhonda Boney. El metraje de la obra puede ser excesivo, y habría entonces que discutir sobre si sería buena idea comprimir la historia original en un duración más moderada.

Para quien no haya leído antes la obra, la tensión narrativa puede que decaiga en algún momento, o la cantidad de detalles puede ser enfarragosamente complicada al encadenarse tan seguidos. No en vano la obra original eran unas 600 páginas.

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Perdida

Gillian Flynn (Kansas, 1971).

Debolsillo, 2014. 580 Páginas. 12’95 €.

Gone Girl. Trad. de Óscar Palmer.

Perdida (título original Gone girl) es la tercera novela de la norteamericana Gillian Flynn. En sus anteriores novelas, Heridas Abiertas (2007) y La llamada del Kill Club (2009), también trabajó los géneros de novela negra y suspense. Y, al parecer, con notable éxito que le valió el Premio Edgar de Novela Negra y el Premio Fleming Steel Dagger, ambos en 2007, por la primera novela, y la consideración por Publisher Weekly como mejor libro y por el Chicago Tribune como mejor novela por la segunda.

La tercera, que es la que nos ocupa, se publicó en 2012, y destronó a Cincuenta sombras de Grey como número uno de ventas en la lista de Best Sellers del New York Times. Cuenta la historia del matrimonio entre Nick y Amy, afectado por la desaparición de esta última. La investigación policial va sacando a la luz pistas que nos hacen indagar en los terrenos más fangosos de la vida conyugal y de los sentimientos que se ponen en juego en el matrimonio. Esta indagación se hace no obstante desde la perspectiva de los protagonistas, los cuales hacen alarde de unas personalidades límite con las que es difícil empatizar. La trama absorbe al lector desde el primer momento, configurando el conjunto de un thriller de muy entretenida lectura pero que no llega a dejar un poso indeleble en el lector. Se clasifica como un gran pasatiempo, precisamente como un Best Seller, nada menos. Pero tampoco nada más.

Blind

Eskil Vogt, 2014

Guión: Eskil Vogt

Reparto: Ellen Dorrit Petersen, Vera Vitali, Henrik Rafaelsen, Marius Kolbenstvedt

Valoración: 

Fotografía: Thimios Bakatakis

Música: Henk Hofstede

Blind cuenta la historia de dos cegueras adquiridas. Una de ellas, la de una esposa, progresiva. Otra, la de una madre soltera, inesperada y repentina. La cinta cuenta cómo la esta condición influye en la vida pública y privada de las dos protagonistas y sus respectivas parejas. Si te estás quedando ciego, ¿cómo estar seguro de que tu marido ha salido, como dice, a trabajar, y no sigue, sigiloso, en casa? Estos planteamientos interesantes puede que hayan sido los que le han merecido el Premio al Mejor Guión en Sundance, 2014. Porque si tenemos que atender al desarrollo de la trama o a la puesta en escena, con aportaciones que incluyen técnicas como dobles decorados en una misma escena, o el intercambio de personajes en un mismo diálogo, la verdad es que se hace difícil entender que esta cinta haya podido ser merecedora de algún tipo de mención. Estas técnicas al final acaban inevitablemente por confundir a cualquier espectador, que al final se pierde en sus propias dudas acerca de incluso qué papel desempeña cada personaje en la historia.

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

Roy Andersson, 2014

Guión: Roy Andersson

Reparto: Holger Andersson, Nils Westblom,

Valoración:  

Fotografía: István Borbás, Gergely Pálos

Música: Tradicional

Nunca me había pasado que una misma película me hiciera reirme a carcajadas y emocionarme. Y en secuencias contiguas. Una paloma… es una película consistente en una serie de situaciones o mini-relatos de un humor absurdo unos, y de una melancolía desarmante otros, con una línea argumental mínima que sólo comparten algunos de ellos, y a través de las cuales es difícil desentrañar el sentido reflexivo sobre el hombre o su existencia que muchos autores se empeñan en buscar. Es cierto que, más o menos forzosamente, todas pueden tener un trasfondo melancólico e incluso nihilista si se quiere mirar así. En todo caso, muchas de ellas sí que participan de un acusado patetismo, pero como pasa la mayoría de las ocasiones con este tipo de cintas, uno llega a divertirse mucho más si se limita a disfrutar del despliegue que hacen director y actores en lugar de prentender buscar tres pies al gato.

Por tanto, más allá de lecturas sobre mensajes, Una paloma… es extremadamente divertida. Las situaciones cómicas son desternillantes, y las dramáticas tienen una delicadeza irresistible. Todas ellas están dibujadas con los pinceles de la melancolía, de la tristeza de lo cotidiano, y juegan con el contexto miserable de los que las protagonizan, con los que es inevitable empatizar.

Y pese a, como se ha dicho, no compartir en muchos casos el hilo argumental, termina uno con la sensación de que todos los mini-relatos participan armónicamente compenetrados en el mismo mensaje. Y es un mensaje que interpela al espectador. Se levanta uno de la butaca con la constancia de lo sencillo que sería hacer del mundo un lugar un poco más feliz, y con él a los que lo habitan a nuestro alrededor. Consciente de toda la belleza de las pequeñas cosas del día a día, ante las que somos miserablemente insensibles y sobre las que se nos consigue llamar la atención con lo sobrio de las composiciones. Y ahí puede que resida todo su poder.

Eliminado

Levan Gabriadze, 2014

Guión: Nelson Greaves

Reparto: Cal Barnes, Matthew Bohrer, Courtney Halverson, Shelley Hennig, Renee Olstead,

Valoración:  

Fotografía: Adam Sidman

Música: Marco Beltrami

Estamos ante una nueva indagación en nuevas formas del género de terro. Y Eliminado consigue que haya que calificar este experimento como positivo. Se trata de terror a través de internet y de las redes sociales. Es posible que la fuerza de la cinta se deba a que todos estamos familiarizados con estos lugares. La película se desarrolla en una sola escena, consistente en la pantalla de ordenador de la protagonista, y lo único que vemos del “mundo no virtual” es el que dejan las pantallas de conversación de Skype. Con esta puesta en escena, se desarrolla una trama que comienza pareciendo ser ciber-acoso, pero en el que pronto se suceden eventos en la red de difícil explicación. Una gran aportación al género.

De tierras y afectos

Hacia el min. 14 de esta entrevista, dice Carrascal: «Hay una relación casi carnal del ser humano con la tierra que le vio nacer. Eso es patriotismo. Pero cuando este patriotismo se convierte en nacionalismo, es odio al extranjero».

http://cadenaser.com/programa/2015/06/15/videos/1434395548_960667.html?autoplay=1

Yo diría que Carrascal se equivoca. En primer lugar, tendría reservas antes de hacer una distinción tan neta entre nacionalismo y patriotismo. ¿Puede existir una cosa sin la otra? El nacionalismo, según la RAE (http://dle.rae.es/?id=SBbAO70) tiene dos acepciones. Por un lado es «apego a la propia nación». En tanto que la propia nación es, de nuevo según la RAE, la patria, ambos conceptos serían idénticos. Y si hablamos del apego por cualquier territorio, más allá de que constituya una nación en el sentido de la soberanía, hablaremos de patriotismo siempre que ese territorio se considere la propia nación.

Pero la segunda acepción tiene más que ver con la diferencia que ve Carrascal: «doctrina y movimiento políticos que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia personalidad mediante la autodeterminación política». Para Carrascal, entonces esta definición implica odio al extranjero. Pero, ¿desde cuándo la reafirmación de mi propia personalidad mediante la autodeterminación tiene que implicar odio? ¿Dónde se habla de odio? Casi me parece que es al contrario: se habla de amor. De amor a una tierra que mueve a querer que no esté sometida por nadie. Un concepto muy diferente al odio.

Concedo que históricamente el nacionalismo ha estado vinculado a la violencia, pero no porque sean lo mismo. Identificarlos es una gran impostura histórica. El hombre es violento, y siempre ha pretendido justificar esa violencia, legitimarla, para lo cual no le ha importado usar a su patria. Como también se ha usado (y se usa) a Dios, o incluso al propio amor hacia otra persona. Pero el odio y la violencia es una cosa, y Dios o el apego a una tierra son otras muy diferentes. Incluso puede que el amor auténtico puede ser aquél que repudia la violencia como forma de expresarse. Cuando pienso en nacionalismo tolerante y no violento, pienso que nacionalismo es lo que inspiró los Campos de Castilla o El viaje a la Alcarria. Nacionalismo es el amor a Andalucía de Lorca y el amor a España de Unamuno y de Azaña. De la tradición afectiva que no consiente ser utilizada para justificar ningún odio. Ni siquiera ser utilizada para justificar los grandes males de España. Ningún afecto debería ser nunca estandarte del odio; ningún nacionalista debería ser nunca prejuzgado como violento. El amor, ya sea a una tierra, a Dios, o a otra persona no nos señala como violentos, sino simplemente como seres capaces de amar.