De tierras y afectos

Hacia el min. 14 de esta entrevista, dice Carrascal: «Hay una relación casi carnal del ser humano con la tierra que le vio nacer. Eso es patriotismo. Pero cuando este patriotismo se convierte en nacionalismo, es odio al extranjero».

http://cadenaser.com/programa/2015/06/15/videos/1434395548_960667.html?autoplay=1

Yo diría que Carrascal se equivoca. En primer lugar, tendría reservas antes de hacer una distinción tan neta entre nacionalismo y patriotismo. ¿Puede existir una cosa sin la otra? El nacionalismo, según la RAE (http://dle.rae.es/?id=SBbAO70) tiene dos acepciones. Por un lado es «apego a la propia nación». En tanto que la propia nación es, de nuevo según la RAE, la patria, ambos conceptos serían idénticos. Y si hablamos del apego por cualquier territorio, más allá de que constituya una nación en el sentido de la soberanía, hablaremos de patriotismo siempre que ese territorio se considere la propia nación.

Pero la segunda acepción tiene más que ver con la diferencia que ve Carrascal: «doctrina y movimiento políticos que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia personalidad mediante la autodeterminación política». Para Carrascal, entonces esta definición implica odio al extranjero. Pero, ¿desde cuándo la reafirmación de mi propia personalidad mediante la autodeterminación tiene que implicar odio? ¿Dónde se habla de odio? Casi me parece que es al contrario: se habla de amor. De amor a una tierra que mueve a querer que no esté sometida por nadie. Un concepto muy diferente al odio.

Concedo que históricamente el nacionalismo ha estado vinculado a la violencia, pero no porque sean lo mismo. Identificarlos es una gran impostura histórica. El hombre es violento, y siempre ha pretendido justificar esa violencia, legitimarla, para lo cual no le ha importado usar a su patria. Como también se ha usado (y se usa) a Dios, o incluso al propio amor hacia otra persona. Pero el odio y la violencia es una cosa, y Dios o el apego a una tierra son otras muy diferentes. Incluso puede que el amor auténtico puede ser aquél que repudia la violencia como forma de expresarse. Cuando pienso en nacionalismo tolerante y no violento, pienso que nacionalismo es lo que inspiró los Campos de Castilla o El viaje a la Alcarria. Nacionalismo es el amor a Andalucía de Lorca y el amor a España de Unamuno y de Azaña. De la tradición afectiva que no consiente ser utilizada para justificar ningún odio. Ni siquiera ser utilizada para justificar los grandes males de España. Ningún afecto debería ser nunca estandarte del odio; ningún nacionalista debería ser nunca prejuzgado como violento. El amor, ya sea a una tierra, a Dios, o a otra persona no nos señala como violentos, sino simplemente como seres capaces de amar.

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