Mes: septiembre 2015

Desconocido

Dani de la Torre, 2015

Guión: Alberto Marini

Reparto: Luis Tosar, Javier Gutiérrez

Valoración:  

Fotografía: Josu Inchaustegui

MúsicaManuel Riveiro

¿Cómo no arriesgarse en un bautismo de fuego? Dani de la Torre tiene una respuesta para este reto: se elige al actor de moda, se le asigna un personaje hecho a medida, del tipo de los que viene interpretando, un guion simple, resultón, que orbite en torno a él para su lucimiento en detrimento de actores secundarios, no se abusa del metraje y se adereza con un toque de actualidad desde posturas de gran calado popular. Es una fórmula bastante conservadora que asegura, como mínimo, un éxito discreto. Tosar solventa bien el trámite de una cámara que no le quita el objetivo de encima prácticamente en ningún momento durante la hora y media. Interpreta al empleado de un banco que sufre una amenaza de bomba por un cliente traicionado, con lo cual el thriller se puede usar también como arma de denuncia social frente al statu quo. En definitiva, una apuesta poco valiente, que no marcará a nadie, pero bastante correcta, en la que todos ganan: la estrella engrosa su currículum con una línea más y el director se quita los nervios de cara a una futura firma en la que se supone que estaremos ante algo más serio.

Ofrenda a la tormenta

Dolores Redondo (San Sebastián, 1969).

Destino, 2013. 550 Páginas. 18’50 €.

Yo no soy más que el canal, el hilo conductor de una religión tan antigua y poderosa como el mundo que tiene su origen en el valle, bajo las piedras que conforman tu pueblo, tu casa…, y de un poder como nunca has imaginado, un poder que hay que alimentar.

Llega el fin de la Trilogía del Baztán. Y desde el principio, Redondo deja claro que la obra no está pensada para neófitos. Quien no haya leído los dos títulos anteriores, mejor que ni coja el libro, porque, retomando la técnica de Legado en los huesos, se entronca de forma directa con el anterior, ampliándolo, sin el menor preliminar. Se recupera la trama y se zarandea al lector sin concesiones desde el principio con un ritmo vertiginoso, que alcanza su punto culminante hacia la mitad de la obra. Esta primera mitad puede ser de lo mejor de la trilogía. A partir de entonces, se repliega un poco. Porque lo cierto es que los desenlaces parecen contenerse, lastrados por la reiteración de lugares comunes, que se convierten en tópicos de la autora, como las descripciones en tono introspectivo (en este caso adquiere protagonismo lo pasional y amoroso) o las recopilaciones del estado de la investigación que la protagonista hace a sus compañeros, recapitulando la trama quizás con demasiada insistencia. Por otro lado, el desenlace se prevé, o se puede prever, esperando el lector quizás una revelación adicional que finalmente no se produce y dando la impresión de que se desaprovechan algunos recursos (personajes).

Entre las opiniones que me rodean, el tercero es el más celebrado de los tres títulos, pero, admitiendo que una lectura es una experiencia en gran medida subjetiva, he de reconocer que no me ha parecido que destaque especialmente sobre los otros dos; lo cual no es poco. De gran factura, el alarde de Redondo se culmina con oficio pero sin artificio. Sin lugar a dudas, por otro lado, nos queda una aventura con la inspectora Salazar que permanecerá en la memoria, en un lugar discreto pero honroso, un Baztán convertido ya en una ruta literaria canónica y una vieja imaginería de los bosques vascos y navarros que nunca más nos será ajena.

Un día perfecto

Fernando León de Aranoa, 2015

Guión: Fernando León de Aranoa, basado en la novela Dejarse Llover, de Paula Farias.

Reparto: Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan

Valoración:  

Fotografía: Alex Catalán

MúsicaArnau Bataller

En un lugar y un momento sin identificar de los Balcanes, durante la Guerra de Yugoslavia, León de Aranoa parece querer alejarse del dramatismo con el que se suelen narrar las miserias de la guerra. Para ello, construye un relato ligero, aderezado por el humor sereno de un grupo de cooperantes y funcionarios de Naciones Unidas desplegados en el terreno. Así, diferentes vidas coinciden entre la desolación, cada una con una historia personal a cuestas, pero todos ellos testigos de una realidad fatídica: la falta de eficacia de la ONU en las tareas humanitarias y de mediación, la frustración de los cooperantes, la pobreza generalizada, la violencia indiscriminada, la corrupción y la pérdida de la inocencia.

Tirando de la amistad y el distanciamiento que los protagonistas necesitan adoptar para no verse superados por la situación, y ayudado por una banda sonora que le va como anillo al dedo, la cinta consigue transmitir el ejercicio de abstracción y de cómo sobrellevar la barbarie. En este sentido, todo el sufrimiento que hay detrás de la acción se nos hace ver difusamente, sabemos que está ahí pero no se despliega ante nosotros, en un admirable alarde de contención dramática y de fuerza de guión. Este potencial de contención es precisamente lo más característico y a la vez lo mejor de la película, junto con la gran escena final, en la que el dique estalla y toda la dureza se nos muestra con su verdadero rostro. Hasta entonces, la historia quizá no termina de absorber al espectador.

La visita

M. Night Shyamalan, 2015

Guión: M. Night Shyamalan.

Reparto: Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn

Valoración:  

Fotografía: Maryse Alberti

Música: Paul Cantelon

Uno intenta ser objetivo, pero al final tiene que aceptar que hay debilidades irracionales que van a influir en su juicio. Y se ha juntado que la mía son las películas de terror y que ésta es condenadamente buena.

El planteamiento de unos muchachos que rondan los 10 años y que viajan solos para pasar unos días en casa de sus abuelos, a quienes aún no conocen, puede parecer poco original en el género, pero para mí suficiente como para crear una atmósfera bastante acogedora si se combina con una fotografía solvente, y en este caso, la fotografía está a la gran altura del resto de elementos.

Los abuelos en principio parecen encantadores, pero no tardan en comportarse de forma extraña y en dejar entrever secretos que intentan esconder. Y lo hacen sin abandonar su halo de simpatía y cariño, creándose así una atmósfera de irrealidad y de desasosiego interesantísima y muy absorbente. Además, La visita es una película que consigue, en hora y media, inquietar y hacer reír a carcajadas a partes iguales, una combinación que viene a llamarse “comedia de terror” y que para el abajo firmante resulta irresistible. Esto es gracias a la originalidad, por un lado, del personaje del chico protagonista, y por otro a la magnífica interpretación de los dos ancianos, especialmente la abuela. En conjunto, La visita acaba resultando una historia que deja, pese a la temática, sensación de extraña simpatía en el espectador y ganas de dos horas más. La mejor creación hasta el momento del autor de aportaciones clásicas como El sexto sentido o El bosque.


A la izquierda de lo posible

Julio Anguita (Fuengirola, Málaga, 1941) y Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963).

Icaria, 2013. 115 Páginas. 10 €.

Un posicionamiento presente en el debate político español actual, nacido a la luz de fenómenos como el 15-M o la plataforma Frente Cívico (que aparece en 2012), supone una enmienda a la totalidad del funcionamiento del sistema imperante, formulada desde una reivindicación del sentido común y de respeto a la legalidad vigente, y no identificado con el discurso de la izquierda tradicional. Esta “legalidad vigente” no es otra que la de predicamento más universal, la que hace alusión a los derechos más básicos, más elevados, y sin embargo más frecuente y flagrantemente ignorados, del hombre y el ciudadano. De esta legalidad se supone que es depositario, para más inri, el constitucionalismo español. Hecho por lo demás irrelevante habida cuenta de que en el desenvolvimiento de la política española la Constitución no es más que parte del decorado.

Si se toma esta base de civismo como vara de medir, en España no se salvan ni los cimientos. En nuestro caso, la Transición del 78. Una clase política que ha permitido que un autócrata muera en la cama nos pretende vender ahora su impulso y su compromiso democrático renovador. Así, como si fuera algo de toda la vida. Mientras subrepticiamente se hace un lavado de currículum a la autoridad adicta al régimen. Dice Monedero “defender el nazismo en Alemania era un delito, y en España, un franquista como Fraga […] escribía la Constitución”.

Siguiendo esta línea, A la izquierda de lo posible pretende ser una reflexión a dos voces, breve y general que aborde todos los puntos, sobre el resultado de mirar el estado de la convivencia desde la óptica de este universalismo de la dignidad, indagar en las causas y además esbozar un modelo de actuación acorde al resultado de este análisis. Bajo este prisma, la izquierda aparece inepta, corrompida por una acuciante crisis de liderazgo y por el poder. Y además miserablemente, pues muchas veces este poder sólo se articula a través de una representación testimonial como miembros en minoría de un pacto de gobierno. Por otro lado, la clase de los intelectuales, muy aludida en el texto, se revela crucial en una sociedad tan profundamente inculta, tan acostumbrada a que le digan lo que tiene que hacer. Ellos podrían tener la responsabilidad, si no de construir, al menos de rescatar del olvido los referentes históricos. Pero parece ser que se ha desentendido tradicionalmente del tema. Mientras tanto, el capitalismo especulativo imperante en el mundo precariza cada vez más las clases medias, al ciudadano en general y el modelo de integración europea.

Hasta aquí la intención, pero el resultado es bastante difuso. ¿Algo inherente al diálogo como género, o es que este género no es el adecuado para un cometido de ensayo político? El libro no es claro. Las relaciones de causa no están bien explicadas, cuando las hay. Sobre todo en el caso de Monedero, el discurso se reduce demasiadas veces a un galimatías de consignas, diagnósticos y acusaciones (y por si fuera poco, se denuncia que ésa es precisamente una de las señas de identidad de la derecha histórica española). Como consecuencia de la poca profundidad, se cae en sutiles contradicciones, como la que reclama el empoderamiento de una sociedad a la que sin embargo se tilda (por más que sea acertadamente) de postrada y falta de inquietudes.

Este espíritu de universalidad de los derechos del hombre que se mencionaba más arriba está difusamente presente a lo largo del diálogo. Es como un principio motor, un axioma virtuoso que se pretende que guíe el discurso y que es lo que se salva. Por lo demás, uno termina la lectura desconcertado. Hasta que vuelve a la contraportada y recuerda que está escrito por políticos.

Legado en los huesos

Dolores Redondo (San Sebastián, 1969).

Destino, 2013. 550 Páginas. 18’50 €.

“Tenía miedo y eso no le gustaba nada. No era una necia, sabía que el miedo mantenía vivos, vigilantes y prudentes a los policías, pero el que sentía no era de esa clase que acelera el corazón cuando se detiene a alguien armado; era el otro, el miedo antiguo e íntimo, el que huele a orina y sudor, el viejo miedo en el alma que durante el último año había podido mantener a raya y que ahora reclamaba su territorio.”

Legado en los huesos comienza con Jasón Medina, uno de los detenidos por los crímenes del basajaun en El guardián invisible. Y, de entrada, esto ya supone uno de los logros de la segunda entrega de la Trilogía del Baztán, pues el personaje que enlaza ambas obras era secundario, colateral, anticipando que no estamos sólo ante un nuevo caso que se abre cronológicamente después de cerrarse el anterior, si no que se profundiza en el caso del basajaun partiendo de detalles que se creían cerrados o en los que no se había reparado, avanzando la historia, además de hacia adelante en el tiempo, hacia adentro en profundidad. Es admirable que ambos títulos se unan por tantos puentes transversales, no sólo el cronológico, y Jasón Medina es únicamente uno de ellos.

El horror que Amaia Salazar creía haber conjurado con la resolución del caso del basajaun vuelve al valle en forma de la reactivación de los crímenes. Y con él, las pesadillas del pasado que simplemente estaban en estado de latencia vuelven a asediar a nuestra protagonista, sumiéndola en ese característico ambiente oscuro y opresivo que parece impuesto por los bosques, la humedad, la niebla y el frío de Baztán. Desde los ojos de la Amaia enajenada por sus temores, todos los detalles, hasta los más cotidianos, están envueltos por el halo de magia, misterio y mitología que la donostiarra ha sabido crear en torno al Valle. Todo adquiere tintes épicos, pues contribuye a aumentar o aligerar una atmósfera tan opresiva que parece sólo obra de dioses o héroes.

Redondo usa las mismas armas de la primera entrega. La investigación mantiene en vilo al lector a lo largo de toda la historia, que se diluye sin merma en cien páginas más respecto a la primera. Hay un cambio en la perspectiva desde la que se vive la acción, inclinada aún más hacia lo femenino, condicionado por la recién estrenada maternidad de la inspectora. Los personajes, que ya eran atractivos en la primera entrega, ahora se enriquecen y se nos presentan con más matices. Incluso los secundarios, los que no toman parte protagonista en la acción, tienen una profundidad y un calado propio. Y el marco, Elizondo, sus pedanías y su entorno, es tan nítido como siempre. Es cierto que las referencias a la ambientación pueden acabar siendo repetitivas, usándose los mismos recursos demasiadas veces, e incluso se puede discutir que algunos giros argumentales sean poco claros o algo previsibles. Detalles pequeños que en todo caso no impiden que el Baztán sea por derecho una parada insoslayable en la historia canónica del thriller español contemporáneo.

Mr. Holmes

Bill Condon, 2015

Guión: Jeffrey Hatcher, basado en la novela A slight trick of the mind, de Mitch Cullin.

Reparto: Ian McKellen, Laura Linney, Milo Parker

Valoración:  

Fotografía: Tobias A. Schliessler

MúsicaCarter Burwell

Bill Condon parece ser un director interesado por las épocas últimas y crepusculares de sus personajes, como ya demostró en la oscarizada Dioses y monstruos (1988), también con Ian McKellen. En esta ocasión, el personaje a cuyo decaimiento final asistimos es nada menos que el Holmes clásico. Estamos por tanto ante una perspectiva nada convencional de este personaje después de las “adaptaciones” de Downey Jr., pues no se trata de un misterio a resolver, si no de una mirada hacia su faceta más personal e íntima en sus últimos días; una revisión a los miedos y cargas que soporta el hombre detrás del mito, retirado en un caserío de la campiña inglesa, abandonado a sus achaques, a sus tareas de última hora y al cuidado de una asistenta y su hijo. Perseguido por un último encargo que no pudo resolver, que fue la causa de su dimisión y que aún no ha superado, Holmes se enfrenta a su senectud y a sus arrepentimientos en una lucha por la redención que se le presenta esquiva, como no podría ser de otra forma en un personaje de su talla. Reflexiones sobre las decisiones pasadas y sobre las nuevas realidades que suponen dan profundidad a un relato que nos presenta a un Holmes con el que es muy sencillo empatizar, que tiene preocupaciones que nos pueden asaltar a nosotros mismos y que lo hacen mucho más cercano de lo que estamos acostumbrados, difuminando el halo de genialidad que forma parte fundamental de su tradicional idiosincrasia. Además de esto, el peso del relato recae, por otro lado, en la interpretación de McKellen, que responde con creces a la responsabilidad que supone un guion centrado en él con un despliegue de elegancia a la altura del personaje de Conan Doyle. En conjunto, un ensayo original sobre un protagonista muy manido, pero que consigue enriquecerlo aún más, algo que a estas alturas parecía imposible.

Whiplash

Damien Chazelle, 2014

Guión: Damien Chazelle

Reparto: Miles Teller, J.K. Simmons

Valoración:  

Fotografía: Sharone Meir

MúsicaJustin Hurwitz

  • 2014: Premios Óscar: Mejor actor de reparto (J.K. Simmons), montaje y sonido
  • 2014: Globos de Oro: Mejor actor de reparto (J.K. Simmons)
  • 2014: Premios BAFTA: Mejor actor secundario (JK Simmons), montaje y sonido
  • 2014: Festival de Sundance: Mejor película y Premio del público
  • 2014: SEMINCI de Valladolid: Mejor director novel
  • 2014: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actor secundario (Simmons)
  • 2014: Críticos de Los Angeles: Mejor actor secundario (Simmons)
  • 2014: Independent Spirit Awards: Mejor actor secundario (J.K. Simmons) y montaje
  • 2014: Premios Gotham: Nominada a mejor actor (Miles Teller)
  • 2014: Satellite Awards: Mejor actor secundario (Simmons) y sonido
  • 2014: American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año
  • 2014: Sindicato de Actores (SAG): Mejor actor secundario (Simmons)
  • 2014: Critics Choice Awards: Mejor actor de reparto (Simmons)
  • 2014: Críticos de Chicago: 3 premios incluyendo Mejor director novel

 

Los sueños son el faro de la vida. Quien vive sin sueños vive sin faro, a la deriva. Se arriesga a varar en un puerto insospechado y extraño, y a darse cuenta algún fatídico día de que no era ése el destino que esperaba. Whiplash es una historia sobre perseguir los sueños, sobre cómo estar dispuesto a sacrificarlo todo con tal de no perder de vista la luz que nos indica el sentido de nuestra existencia para no abandonarnos a la oscura inmensidad oceánica de una vida sin deseos.

El faro de Andrew Neiman es convertirse en uno de las mejores baterías de jazz, y Whiplash es un retrato de la despiadada lucha que tiene que librar para perseguirlo. Para destacar en el conservatorio, para enfrentarse a su neurótico profesor Terence Fletcher y para dejar de lado todo lo que pueda desviarlo de su ruta. Sacrificios descomunales, desolación y ambición sin cuartel apuntalan una narración que no da respiro, con una interpretación sobrecogedora por parte de Miles Teller y, sobre todo, de J. K. Simmons, que protagoniza escenas de una tensión escalofriante. Obra maestra imprescindible. Un relato que nos desafía, alertándonos a ritmo de los más grandes del jazz de que podemos haber olvidado dónde hemos dejado nuestras ilusiones de juventud, y de si realmente la marea de nuestros días nos está llevando hasta un puerto que nos ilusione.

El guardián invisible

Dolores Redondo (San Sebastián, 1969).

Destino, 2013. 430 Páginas. 18’50 €.

En el Baztán, la noche era oscura y siniestra. Las paredes del hogar seguían guardando como antaño los límites de la seguridad, y fuera de ellos todo era incertidumbre. No era extraño que hacía apenas cien años el 90 por ciento de la población del Baztán creyese en la existencia de brujas, en la presencia del mal acechando en la noche y en los ensalmos mágicos para mantenerlos a raya. La vida en el valle había sido dura para sus antepasados.”

El Guardián Invisible es uno de esos libros en los que el espacio es tan protagonista como los propios personajes. El río Baztán (el Bidasoa en su curso bajo) gobierna en las comarcas del norte de Navarra un frondoso y húmedo valle bajo un cielo eternamente gris plomizo. Unos bosques que con su imponente y amenazadora presencia parecen tomar parte en la trama tanto como los vecinos que los habitan. Como de la mano de las sólidas nieblas que tan a menudo bajan a visitarlos, llega también el horror en forma del macabro asesinato de la joven Ainhoa Elizasu. El crimen revela una violencia y una depravación animal que para muchos sólo puede ser obra de los habitantes del bosque, las criaturas mitológicas de las viejas tradiciones. Ahora, han regresado para castigar a los vecinos de Elizondo, para recordarles que nunca tuvieron que dejar de temer las advertencias de su ancestral cultura.

Al mando de la investigación, la inspectora Amaia Salazar ha de volver desde Pamplona al pueblo de su infancia para hacer frente a lo que parecen fantasmas de historias para niños, pero también a los fantasmas de su propia historia personal. El reencuentro con un pasado doloroso y con las cicatrices que ha dejado en el presente, la lucha interior por la redención, el machismo cotidiano o el fanatismo y la irracionalidad de quien ha pasado demasiado tiempo replegado sobre sí mismo son elementos que tiñen de intimismo un relato sin permitir que decaiga el pulso narrativo. La investigación policial se desarrolla de forma creíble y los personajes son profundos y coherentes. Todo esto constituye un enfoque propio al noir con el que Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) parece haber alcanzado las más altas cotas del género, como demuestra el hecho de que su Trilogía del Baztán, que comienza con esta obra, ha sido traducida ya a 15 idiomas, y que se ha convertido en una aportación sin precedentes.