El lejano país de los estanques

Lorenzo Silva (Madrid, 1966).

Destino (Planeta), colección Áncora y Delfín, 1998. 1ª ed., 2ª imp., 2013. 245 Páginas.

 

Yo también fui bella un día, antes de corromperme, y puedo afirmar como tú no pudiste que la belleza del cuerpo es, mientras dura, el signo con que los dioses enaltecen fugazmente a los hombres. No es posible no querer a los dioses y no era posible no quererte, hasta el dolor, hasta la vergüenza, incluso hasta el crimen.

 

Con El lejano país de los estanques da comienzo la serie de novelas policiacas protagonizadas por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Para mí, esta novela ha sido ante todo la constatación de que estamos ante uno de los grandes. No es la más premiada de Lorenzo Silva, que cuenta con un representativo muestrario de los premios literarios en castellano, entre los cuales, la serie de Bevilacqua y Chamorro ha sido reconocida con el Nadal (El alquimista impaciente, 2000, segunda entrega) y el Planeta (La marca del meridiano, 2012, octava y última entrega). Y aun así es una novela policiaca de bandera a todos los niveles. La trama consiste en el esclarecimiento de un asesinato cometido en un típico pueblo turístico de Mallorca, de los de cala y puerto, e hileras de urbanizaciones colonizadas por alemanes. Creo que los personajes están bastante bien perfilados, evolucionan a lo largo de la novela de forma natural, son creíbles y tienen muchas facetas que quedan pendientes de explotar en entregas posteriores. A la atracción de los protagonistas contribuye un estilo, que si bien en ocasiones tendente al enrevesamiento o a lo epíteto (como con el comandante Zaplana o el brigada Perelló), es certero y eficiente. No sólo a la hora de dibujar psiquismos, también a la de trasportarnos a escenarios en los que la oscuridad del crimen convive con la luz de la costa mediterránea en una tensión bien afinada.

Por otro lado, El lejano país de los estanques explota un recurso con el que no me había cruzado hasta ahora: una investigación realizada casi completamente de incógnito, en la que los investigadores vestidos de paisano se hacen pasar por turistas y obtienen información de los posibles testigos después de granjearse su amistad.

Y, además, jalonando el desarrollo de los hechos, hay espacio para trazas de reflexión que se apartan del propósito meramente narrativo y que orbitan en torno a la belleza, su caducidad, el eterno tempus fugit manriqueño, y el poder que nos otorga, o más bien que nosotros decidimos otorgarle.

Una buena novela quizás deba dejarte con ganas de más, y si el punto de partida es éste, la serie de Bevilacqua y Chamorro promete merecer su estatus como referente en la novela contemporánea, y Lorenzo Silva como una figura señera en el panorama narrativo en castellano. Y como Guardia Civil Honorario, por cierto.

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