Mes: marzo 2016

Los besos en el pan

Almudena Grandes (Madrid, 1960).

Tusquets, 2015. 3ª ed. 336 páginas.

-Oye, ¿y Laura? -es él quien se anima a preguntar cuando Roberto deja de informarle-. ¿Qué sabéis de ella?

-Pues no mucho -le confiesa él-, porque ahora llama muy poco, menos que al principio.

-Yo no sé… -interviene su nuera, que nunca lo ha visto muy claro-. Dice que nos echa mucho de menos, que los días son muy oscuros, que está un poco triste.

-Pero que le va muy bien -remata su marido-. ¿O no?      (p.298)

 

Almudena Grandes ha aparcado su gran retablo Episodios de una guerra interminable, del que ya hay publicadas tres entregas (Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, Tusquets, 2010, 2012 y 2014), para sumarse a la moda de la literatura de la crisis. Los besos en el pan es su particular contribución a lo que se viene considerando un género en sí mismo, bajo cuya sombra se han escrito desde ensayos exhaustivos hasta novelas que usan la coyuntura socioeconómica como el marco de una narración. La autora madrileña ya ha hecho callo en el terreno de la denuncia y el testimonio social con sus columnas en medios periodísticos, sus intervenciones en radio y sus entrevistas, en todas las cuales mantiene una lucidez que a mí me parece especialmente agradable. Y con la pausa de una novela se descubren notas nuevas en su estilo.

Ahora nos presenta un álbum con instantáneas de los vecinos de un barrio humilde de la capital en las escenas más arquetípicas de esta nueva austeridad. El libro está estructurado en forma de historias independientes pero interrelacionadas a través de la red de parentescos y amistades que existe entre los protagonistas. Red que, por otro lado, resulta desconcertantemente compleja, significando las repercusiones que nuestros actos tienen en quienes nos rodean y lo sencillo que puede resultar hacerles felices. Las moralejas y la idea principal insisten en una analogía recurrente en el nuevo género, la que se establece con las épocas de más amarga carestía de nuestra historia reciente. Campo en el que Grandes también tiene experiencia.

Negocios donde empiezan a faltar clientes, la competencia hercúlea de locales regentados por asiáticos, comedores de escuela, cierre de hospitales, recortes de personal…  La narración oscila entre los protagonistas que solo tienen que apretarse el cinturón y los que son alcanzados por la más cruda desesperanza. En este segundo caso, en las pocas ocasiones en las que se le toma el pulso a la desolación y a la soledad, en las que se quieren oír ecos de Chirbes, es cuando se alcanzan las cotas más altas, dentro de un relato en general bastante modesto. Modesto porque a la mayoría de estos episodios, que podrían estar sacados punto por punto de un telediario cualquiera de hace unos años, no se les aporta más que unas relaciones interpersonales muy idealizadas y ñoñas. El resultado no justifica el sometimiento de unos personajes meramente instrumentales. De forma que al final estamos ante una aproximación a la problemática social de la crisis que parece escrita muy ligeramente y acaba resultando algo superficial o desaprensiva. El péndulo pasa demasiado tiempo en el lado opuesto a la angustia de Chirbes. Y en el camino se quedan las pinceladas que acercan una obra a la buena factura, aunque la alejen de las listas de más vendidos o de los géneros de moda.

La gran apuesta

Adam McKay, 2015

Guión: Adam McKay y Charles Randolph, basados en la novela homónima de Michael Lewis

Reparto: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt

Valoración:   

Música: Nicholas Britell; Fotografía: Barry Ackroyd; Duración: 123′

  • 2015: Oscar: Mejor guión adaptado. 5 nominaciones inc. mejor película
  • 2015: Globos de Oro: 4 nominaciones incluyendo mejor película comedia o musical
  • 2015: BAFTA: Mejor guión adaptado
  • 2015: National Board Review (NBR): Mejor reparto
  • 2015: Critics Choice Awards: Mejor comedia, actor comedia (Bale) y guión adaptado
  • 2015: Críticos de Los Angeles: Mejor montaje
  • 2015: Sindicato de Guionistas (WGA): Mejor guión adaptado
  • 2015: Satellite Awards: Mejor actor de reparto (Christian Bale). 2 nominaciones
  • 2015: Asociación de Críticos de Chicago: Mejor guión adaptado. 3 nominaciones

 

Al comienzo de la gran crisis económica, unos pocos inversores anónimos fueron los únicos que supieron anticiparse al riesgo que implicaba asumir que los precios del sector inmobiliario debían seguir siempre al alza. Reaccionaron con La gran apuesta, una inversión en contra del mercado que les hizo inconmensurablemente ricos mientras el mundo entero se escapaba por el retrete. Partiendo de los acontecimientos reales narrados por Michael Lewis (Nueva Orleans, 1960) en su obra homónima (Debate, 2013), McKay nos revela una nueva muestra de la historia de la infamia del capitalismo especulativo. Y lo hace de forma vistosa, pese a lo forzado que puedan parecer por momentos Christian Bale y Brad Pitt. A través una marabunta de ininteligible jerga bursátil sobre la que, no obstante, se lleva en todo momento en volandas al espectador hacia un mensaje certero y desolador que consiste en constatar en manos de quién está su futuro.

 

Todo lo que era sólido

Antonio Muñoz Molina (Úbeda -Jaén-, 1956).

Seix Barral, 2013. 14ª ed. 253 páginas.

 

Hay que saber qué se olvida, y qué se recuerda. No se puede olvidar el valor y la precariedad de lo bueno que se ha conquistado porque entonces se olvidará también la necesidad de su defensa constante. (pág 203)

 

He de confesar que la inspiración para escribir esta reseña se la debo al programa El Intermedio, de La Sexta. El día 10 de marzo entrevistaron a Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de la Universidad Carlos III que acaba de publicar La desfachatez intelectual, en el que denuncia la vacuidad, la falta de contenido, de la que adolecen en muchas ocasiones las opiniones políticas vertidas por la clase intelectual. Aprovechando más su renombre, su originalidad, su dominio del lenguaje o su vehemencia, se permiten restar importancia al rigor y al contraste. Y como ejemplo, se citó precisamente la obra que yo me disponía a comentar, este Todo lo que era sólido de Muñoz Molina (Úbeda -Jaén-, 1956). Darme cuenta de que yo le veía los mismos defectos a este ensayo me hace sentir un estúpido orgullo. Yo pensaba compararlo con Mañana será tarde, de José Antonio Zarzalejos (Planeta, 2015), sugiriendo quizás las diferencias de forma que se pueden encontrar entre un ensayo escrito por un periodista y otro escrito por un novelista, un literato o un intelectual en el sentido más frecuente. Diferencias que afectan en primer lugar a la importancia de las cifras y los datos, y en segundo lugar al estilo y al carácter sugerente frente al exhaustivo. En este libro, tenemos que esperar hasta la página 143 (de 252) para encontrar los primeros datos objetivos. En ocasiones se vuelve a las mismas ideas de una forma un tanto machacona. Algunas acusaciones son poco o nada argumentadas, como la insistencia en el despilfarro público en festejos y celebraciones, mientras que la mayoría cuentan sin duda con el respaldo de la lucidez y la generosidad con las que dota la cultura. Lucidez que queda patente en las cargas contra la clase política, contra sus formas, contra la nueva y alienada cultura española, contra la plutocracia, contra la memoria y la gestión de nuestro pasado, contra el clientelismo de la administración, contra nuestra incapacidad para vigilarnos y exigirnos a nosotros mismos, contra nuestro castizo sectarismo e irracionalidad, contra los nacionalismos, y un largo etcétera que completan el rosario de nuestras vergüenzas. Pero incluso en estas ocasiones parece excesivo confiarlo todo a lo equilibrado del juicio, sin ejemplos, sin investigaciones que vayan más allá de la propia experiencia.

La obra de Sánchez-Cuenca, como decía, ilumina dos divorcios más en la vida civil española que hay que sumar al tradicional entre la clase política y la sociedad. Divorcios que se ponen especialmente de manifiesto en obras como esta. Por un lado, entre la clase intelectual y la política, y que muchas veces se traduce en denuncias un tanto vanas y sin compromiso como a las que he asistido leyendo este ensayo. Y precisamente por esta falta de compromiso, también al divorcio entre la clase intelectual y el resto de la sociedad. Entristece que la intelectualidad adolezca también de algo del sectarismo que trata de censurar. Y aun así, la que tengo entre mis manos es la decimocuarta edición del libro.

Pese a estas faltas, no dejamos de estar ante un libro de Muñoz Molina, y por tanto ante la sinceridad y el valor sin los cuales no se debería escribir sobre uno mismo; sobre los recuerdos, la melancolía y la desesperación. Sobre el sentir íntimo, en definitiva. Se trata más bien de una obra de testimonio, o de confesiones. Algo así como un diario. Un intento de llamada de atención que no pretende un diagnóstico profundo de la realidad. Y si lo pretende, no lo consigue. Esta llamada de atención se dirige contra la arrogancia con la que nos hemos deshecho de todo lo valioso que poseíamos en el pasado. La dignidad de la modestia o de la más franca pobreza, el sentido del valor del esfuerzo, el valor del imperio de la ley y de la democracia. Arrasado por los delirios de los nuevos ricos en los que nos hemos convertido, pareciera que el único legado de lo sólido sólo pervive en lo antiguo, en la memoria de quienes tienen que cargar, más que con la pesadez de sus miembros, con la de sus recuerdos y sus olvidos. Con la pesadez de la inhabitable España que estamos construyendo entre todos.

La chica danesa

Tom Hooper, 2015

Guión: Lucinda Coxon, basada en la novela homónima de David Ebershoff

Reparto: Eddie Redmayne, Alicia Vikander

Valoración:   

Música: Alexandre Desplat; Fotografía: Danny Cohen; Duración: 120′

  • 2015: Óscar: Mejor actriz de reparto (Alicia Vikander). 4 nominaciones.
  • 2015: Premios BAFTA: 5 nominaciones, incluyendo Mejor film británico.
  • 2015: Globos de Oro: Nom. a Mejor actor (Redmayne), Actriz (Vikander) y Música.
  • 2015: Satellite Awards: Mejor actriz de reparto (Alicia Vikander). 7 nominaciones
  • 2015: Critics Choice Awards: Mejor actriz de reparto (Alicia Vikander)
  • 2015: Sindicato de Actores (SAG): Mejor actriz secundaria (Alicia Vikander)
  • 2015: Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a Mejor actor (Redmayne)

 

En 1930, en plena Europa de entreguerras, Lili Elbe se sometió a la primera cirugía de cambio de sexo de la historia, un procedimiento que por entonces estaba en etapa totalmente experimental. Por ello, y por el valor que hay que reunir en la búsqueda personal y en la lucha contra toda una conciencia colectiva, es hoy uno de los referentes para los transexuales. Nació como Einar Wegener, un pintor de éxito que descubrió su verdadera naturaleza posando como modelo para su mujer, la también artista Gerda Wegener. Lo que comenzó como una predilección por el travestismo y los vestidos de mujer, acabó convirtiéndose en un dique que había estallado y un caudal de dolor en el cual ya no tiene sentido nadar a contracorriente. Esta historia fue narrada en 2000 por David Ebershoff (Pasadena, California, 1969), y ahora adaptada al cine por Tom Hooper, en una obra que tiene como punto fuerte la interpretación de Redmayne, que despliega, como ya hiciera con La teoría del todo el año pasado, sus interminables miradas al vacío, su aire disperso, sus sorprendidas llamadas de atención; recursos que no van mal en la mayoría de escenas y planos pero se acaban convirtiendo en objeto de abuso. Algún escalón por encima está Alicia Vikander en el papel de Gerda, y ella acabó siendo merecedora del Óscar. Ambas interpretaciones consiguen una gran indagación en la profundidad psicológica de los personajes y en el dramatismo de unos acontecimientos que, desde la intimidad de un amor sin fisuras, se convirtieron en una historia para la eternidad.

La conquista de Europa

Los ejemplos son múltiples, y van todos en la misma dirección: acomodar Europa a las necesidades alemanas. (Ángel Ubide)

http://economia.elpais.com/economia/2016/02/04/actualidad/1454605021_511385.html

¿Una integración internacional que se traduce en una limitación de la soberanía de los estados? ¿Una política social jalonada por crisis humanitarias? ¿Concesiones excepcionalmente discriminatorias a las potencias que amenazan con largarse y que suenan a parchetazos en el supuesto espíritu original de la Unión? ¿Una política económica que hace pender las posibilidades de gasto público de las fluctuaciones bancarias especulativas? ¿Una supeditación del poder político a la amenaza de la economía? ¿Un modelo de liderazgo basado en una locomotora que marca el ritmo de todos los vagones de cola?