Los besos en el pan

Almudena Grandes (Madrid, 1960).

Tusquets, 2015. 3ª ed. 336 páginas.

-Oye, ¿y Laura? -es él quien se anima a preguntar cuando Roberto deja de informarle-. ¿Qué sabéis de ella?

-Pues no mucho -le confiesa él-, porque ahora llama muy poco, menos que al principio.

-Yo no sé… -interviene su nuera, que nunca lo ha visto muy claro-. Dice que nos echa mucho de menos, que los días son muy oscuros, que está un poco triste.

-Pero que le va muy bien -remata su marido-. ¿O no?      (p.298)

 

Almudena Grandes ha aparcado su gran retablo Episodios de una guerra interminable, del que ya hay publicadas tres entregas (Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, Tusquets, 2010, 2012 y 2014), para sumarse a la moda de la literatura de la crisis. Los besos en el pan es su particular contribución a lo que se viene considerando un género en sí mismo, bajo cuya sombra se han escrito desde ensayos exhaustivos hasta novelas que usan la coyuntura socioeconómica como el marco de una narración. La autora madrileña ya ha hecho callo en el terreno de la denuncia y el testimonio social con sus columnas en medios periodísticos, sus intervenciones en radio y sus entrevistas, en todas las cuales mantiene una lucidez que a mí me parece especialmente agradable. Y con la pausa de una novela se descubren notas nuevas en su estilo.

Ahora nos presenta un álbum con instantáneas de los vecinos de un barrio humilde de la capital en las escenas más arquetípicas de esta nueva austeridad. El libro está estructurado en forma de historias independientes pero interrelacionadas a través de la red de parentescos y amistades que existe entre los protagonistas. Red que, por otro lado, resulta desconcertantemente compleja, significando las repercusiones que nuestros actos tienen en quienes nos rodean y lo sencillo que puede resultar hacerles felices. Las moralejas y la idea principal insisten en una analogía recurrente en el nuevo género, la que se establece con las épocas de más amarga carestía de nuestra historia reciente. Campo en el que Grandes también tiene experiencia.

Negocios donde empiezan a faltar clientes, la competencia hercúlea de locales regentados por asiáticos, comedores de escuela, cierre de hospitales, recortes de personal…  La narración oscila entre los protagonistas que solo tienen que apretarse el cinturón y los que son alcanzados por la más cruda desesperanza. En este segundo caso, en las pocas ocasiones en las que se le toma el pulso a la desolación y a la soledad, en las que se quieren oír ecos de Chirbes, es cuando se alcanzan las cotas más altas, dentro de un relato en general bastante modesto. Modesto porque a la mayoría de estos episodios, que podrían estar sacados punto por punto de un telediario cualquiera de hace unos años, no se les aporta más que unas relaciones interpersonales muy idealizadas y ñoñas. El resultado no justifica el sometimiento de unos personajes meramente instrumentales. De forma que al final estamos ante una aproximación a la problemática social de la crisis que parece escrita muy ligeramente y acaba resultando algo superficial o desaprensiva. El péndulo pasa demasiado tiempo en el lado opuesto a la angustia de Chirbes. Y en el camino se quedan las pinceladas que acercan una obra a la buena factura, aunque la alejen de las listas de más vendidos o de los géneros de moda.

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