Mes: octubre 2016

La flaqueza del bolchevique

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), 1997.

Destino booket, 2004, 1ª ed. 185 páginas.

Yo no fui siempre un tipo con el alma entre los cojones. Durante bastantes años ni siquiera decía palabrotas, y hasta utilicé durante muchos un vocabulario abundante y selecto. Ahora he decidido que la vida no merece arriba de quinientas palabras y que las más a propósito son palabrotas.           (p. 11)

 

En mi admirada serie protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, Silva hace gala de una considerable destreza para las digresiones ensayísticas, generalmente desde un posicionamiento filosófico y psicológico, disciplinas que visita frecuentemente. En busca de títulos no policiacos en los que el autor madrileño vuelque un mayor componente ensayístico, no hay que dejar pasar su tercera novela, La flaqueza del bolchevique, publicada originalmente en 1997 por Destino, que ocupa un lugar destacado en su abundantísima y muy laureada bibliografía. Esta obra fue finalista del Nadal ese mismo año (por detrás por cierto de Quién, de Carlos Cañeque Solá) y ha sido llevada al cine.

De nuevo desde las mencionadas trincheras filosófica y psicológica, Silva plantea un tema que también se ha dejado ver en su saga policiaca, el inevitable conflicto existente entre nuestra razón, abanderando una concepción socialmente consensuada del bien, y nuestra parte irracional, que haciendo caso omiso de los protocolos, nos recuerda nuestra naturaleza hedonista y animal. Esto lo lleva a cabo a través de un protagonista abandonado al cinismo y a la desesperanza a la que se desemboca un pasado traumático. Silva sabe, por un lado, tomar un tema poco original y revestirlo de tanta belleza como la que describe la metáfora que da nombre a la novela. Y por otro, usar ese tema en un sentido reflexivo, didáctico y por tanto reconfortante.

Lejos de volver a insistir una vez más en los talentos de un autor que ya venero, y en la elocuencia y el lirismo de su estilo, diré simplemente que La flaqueza del bolchevique me ha servido para conocer algo mejor sus posicionamientos y sus planteamientos recurrentes. Háganse un favor y léanlo, y si no les gusta, háganselo mirar.

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La cena

Herman Koch (Arnhem, Países Bajos, 1953), 2009.

Salamandra bolsillo, 4ª ed., 2014 (1ª ed. en 2012). 284 páginas. Trad. Marta Arguilé Bernal.

 

En veladas como ésa, Claire y yo valoramos mucho los momentos en que aún estamos solos. Es como si todavía todo fuese posible, como si lo de haber quedado para cenar fuese una simple confusión y en realidad sólo hubiésemos salido a dar una vuelta nosotros dos. Si tuviese que dar una definición de la felicidad, diría lo siguiente: la felicidad se basta a sí misma, no necesita testigos.             (p. 13)

Estamos en un restaurante de lujo, donde se citan para cenar cuatro comensales. Toda la acción trascurre en esta misma noche, intercalándose recuerdos del pasado. Para desarrollar toda la obra en un marco espacial y temporal tan restringido, y además para generar situaciones de tensión y de expectación tan atractivas, el autor demuestra una pericia narrativa que lo ha convertido en uno de los más reconocidos autores holandeses contemporáneos. Herman Koch (Arnhem, Países Bajos, 1953), consiguió que La cena, publicada en 2009 y hasta la fecha su obra más premiada, fuera traducida a 21 idiomas y llevada al cine. Yo le conocí leyendo acerca de su última novela, Estimado señor M (Salamandra, 2014).

En un primer momento, La cena parece plantear cuáles son los extremos a los que estamos dispuestos a llegar con tal de proteger a los nuestros, de ponernos a salvo nosotros mismos; interrogante que se lleva hasta el punto de rozar la frontera de la novela negra. Pero conforme se avanza en la lectura, se nos presenta como un alegato de calado mucho más profundo y subyugante, con importantes latidos de repulsa hacia la sociedad burguesa. A la dignidad, en definitiva. El contenido de la obra se descubre paralelamente a como se van descubriendo los personajes, que sufren una metamorfosis que no es tal, puesto que simplemente se nos muestran datos que no conocíamos de antemano.

En esta obra he encontrado una verdadera lección sobre la honradez a la hora de construir juicios de valor, puesto que en la mayoría de los casos se hacen demasiado rápido. En una época en la que la crítica ciudadana a las instituciones, al poder y a los gobiernos parece legítima per se, Koch hace un llamamiento a la clarividencia, a la independencia de pensamiento, a no dejarse llevar por el borreguismo. ¿Qué sucede si la mayoría ciudadana está tan corrupta como los objetivos de sus invectivas? ¿Y si el que juzga es incluso menos de fiar que el acusado?

Nadie vale más que otro

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), 2004.

Destino Booket, 5ª ed., 2014. 212 páginas.

 

-Creí que para ustedes esto era un asunto rutinario, un camello más, muerto por meterse donde no debía. Creí que no iban a hacer ningún esfuerzo por resolverlo.

Lo malo era que en buena medida tenía razón. Era un asunto rutinario. Pereira se lo vendería al coronel de la comandancia de Madrid, y éste se lo agradecería sin mayores aspavientos.

-Para nosotros, nadie vale más que otro, señora -dije, sin embargo-.            (p. 65)

La cuarta entrega de la serie Bevilacqua y Chamorro consiste en un libro de relatos. Los cuatro pequeños casos a los que la pareja de guardias civiles se enfrentan se resuelven sin mayores complicaciones, en pocas páginas, y en algunos de ellos la solución resulta ser efectivamente la más probable. En todos se mantiene el buen tono narrativo del autor, sin ser por lo demás especialmente memorables para los no aficionados a la saga. En todo caso, contribuyen a dar un matiz adicional a sus personajes, haciéndolos más verosímiles. Así, Silva nos recuerda que un oficio tan literario como el de guardia civil, por el que debe sentir verdadera veneración, no está constituido sólo por casos vertiginosos de complicada resolución.