Mes: noviembre 2016

El talento de Mr. Ripley

Patricia Highsmith (Fort Worth, Texas, 1921 – Locarno, Suiza, 1995), 1955.

Anagrama Compactos, 1ª ed. en 1981. 324 páginas.

Trad. del inglés de Jordi Beltrán

 

Tom se decía que tal vez mistress Cartwright había sido una verdadera arpía en su juventud, que quizá era ella la culpable de todas las neurosis de su hija, a la que había absorbido hasta el punto de impedirle llevar una vida normal y casarse. Tom se decía que tal vez mereciese que la echasen a patadas por la borda, en vez de llevarla a pasear por cubierta, escuchando sus historias durante horas y horas. Pero daba igual. El mundo no siempre daba a cada cual su merecido. Él mismo era un buen ejemplo de ello.  (p. 317)

 

La autora

El lado oscuro de la condición humana protagoniza frecuentemente las novelas de la escritora texana Patricia Highsmith (1921 – 1995), puede que debido a lo complicada que fue su vida. Entre otras cosas, por la obsesión por conseguir el amor de su madre, y por su condición de lesbiana en una época en la que la homosexualidad se consideraba delito y enfermedad. En su diario escribió que de niña aprendió a “vivir con un odio homicida y opresivo” y a sofocar sus emociones más intensas porque, como ella misma confiesa:

“Hubo un momento, con dieciséis o diecisiete años, en que comencé a tener escalofriantes ideas.”

El eco de estas escalofriantes ideas impulsaría su vocación hasta convertir a Patricia Highsmith en una de las grandes autoras de novela negra norteamericana. Investigadora de conciencias, de oscuras y malsanas conciencias. En otra confesión, defiende:

“Estoy interesada en la conciencia de la gente. Busco la carga más pesada que pueda encontrar. La peor de todas es sin duda la de un asesino. Y por eso soy tan incisiva con sus reacciones. Porque soy capaz de meterme en la mente de alguien que ha matado a otro”.

Ya su primera novela, Extraños en un tren (1950) se convirtió en un gran éxito, y logró la fama mundial, sobre todo tras la adaptación de Alfred Hitchcock, un año más tarde. A partir de ahí, Patricia Highsmith se ha convertido en una de las maestras indiscutibles de la novela criminal, y en toda una leyenda. Finalmente, decidió recluirse en su casa de Suiza, donde se volcó sobre su máquina de escribir, sobreviviendo a base de vodka y sexo.

 

Adaptaciones y ediciones

Matt Damon, Gwyneth Paltrow y Jude Law protagonizaron en 1999 El talento de Mr. Ripley, remake de la versión de 1960 de René Clement con Alain Delon como Ripley, que fue, de forma similar a lo que sucedió con Extraños en un tren, un gran empujón de la novela de Higsmith a la fama mundial, hasta el punto de que hoy es considerada una de sus mayores obras.

Esta primera adaptación fue estrenada con el título A pleno sol, lo que haría que Anagrama, en su colección Compactos, publicara en 1989 la novela bajo ese mismo título. La editorial, fiel a la autora desde los años ochenta, propone, en 2015, ponernos una vez más tras los pasos de la prosa inquietante de Highsmith y su talento investigador de la turbia mente humana. Dentro de la nueva colección “Negra”, nos ofrece seis títulos imprescindibles de la bibliografía de Highsmith. Además de la que nos ocupa, se publican las novelas: Ese dulce mal (1960), El grito de la lechuza (1962), Crímenes imaginarios (1965), El diario de Edith (1977) y la citada Extraños en un tren.

 

La obra

Los personajes de Highsmith, en su mayoría nocivos y llenos de psicopatías, nacieron de su carácter complicado, visceral y contradictorio. El talento de Mr. Ripley, publicada en 1955, está dominada por la presencia de Tom Ripley, un joven americano de 23 años. Es un tipo tormentoso, brutal, inquietante, escurridizo… Y eso que al principio solo parece un tímido joven neoyorquino. Pero tras esa tranquila máscara discurre la mente amoral de un delincuente, dueño de un talento asesino. En su pervertida psique, los actos de Tom Ripley se antojan necesarios, inevitables, y se asumen como meras gestiones que hay que resolver para poder llevar una vida cómoda. Ni sombra de duda o arrepentimiento.

Esta violencia, este pulso sanguinario, extiende sus dendritas con la ayuda de la prosa de mirada despiadada de la autora, fruto de una infancia marcada por el odio. De la misma forma que no hay debate en el corazón de Ripley, tampoco lo hay en la narración de Highsmith. Ni una sola concesión a la introspección, al planteamiento ni a la digresión. La narración prosigue sin concesión. Porque no hay concesión en las mentes malsanas que Highsmith, a cambio de tantos años de ira y dolor, sabe construir como nadie.

(Tomado en parte del programa de televisión de RTVE Página Dos emitido el 01 de noviembre de 2016 y del programa de radio Biblioteca Básica, también de RTVE, emitido el 20 de marzo de 2015)

Sostiene Pereira

Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 – Lisboa, 2012), 1994.

Círculo de Lectores, 1ª ed., 1996 (1ª ed. de Anagrama en 1995). 254 páginas.

Trad. del portugués de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira.

 

Pereira se levantó y le dio la mano diciéndole adiós. ¿Por qué le dijo esas cosas cuando hubiera querido recriminarle, incluso despedirle? Pereira no sabe decirlo. ¿Tal vez porque el restaurante estaba desierto, porque no había visto a ningún literato, porque se sentía solo en aquella ciudad y necesitaba de un cómplice y de un amigo? Quizá por estas razones y por otras más que no sabe explicar. Es difícil tener convicciones precisas cuando se habla de las razones del corazón, sostiene.          (p. 54)

 

Sostiene Pereira en la famosa novela de Antonio Tabucchi que no hay nada como comer una tortilla a las finas hierbas. Una omelette, la llama él. Pero a ser posible, como las que preparan en el Café Orquídea de Lisboa. A este restaurante suele ir habitualmente para comerse una. Eso sí, siempre bien acompañada de un vaso de limonada fresca, con mucho azúcar. Y lo hace porque es un hombre de costumbres, un periodista viudo con una misma liturgia. Se levanta, desayuna (en ocasiones, una tortilla de queso, que también le gusta), habla con la fotografía de su esposa, y se dirige al diario Lisboa, en el que trabaja como responsable de la página de cultura.

Un buen día, sostiene Pereira, para desarrollar su labor necesita ayuda. Y así es como entra en su rutinaria vida Monteiro Rossi, un joven licenciado en Filosofía y comprometido políticamente, lo que preocupa al protagonista, que se siente a gusto trabajando en un diario libre, independiente y apolítico. Eso sostiene él, entre omelette omelette, mientras su vida paulatinamente irá mutando hacia el inevitable compromiso.

Sostiene Pereira es la obra que encumbró al añorado Antonio Tabucchi, que supo crear un personaje inolvidable que, cuando llegó el momento, se convirtió en un espectador activo del mundo que le rodeaba.

Así que, por el autor y por Pereira, sostengo que no puede haber mejor homenaje que degustar esta novela junto a una limonada fresca y una sabrosa omelette a las finas hierbas.

(Tomado del prgrama de televisión Página Dos, de RTVE, emitido el día 20 de septiembre de 2016)

 

En efecto, Pereira es un hombre que disfruta con sus costumbres. Vivimos atosigados por dependencias impuestas, nos parece imposible pasar sin todas las necesidades que creemos tener. Por eso debería resultarnos entrañable un personaje que es tan libre como para sosegarse con lo más simple, con una tortilla (o una omelette, sostendría él) en un restaurante literario, con un cuento francés del siglo XIX o con una limonada. O con sus propios pesares, darle por fin la bienvenida a la nostalgia y perder el miedo a hablarle a un retrato. Pereira es inolvidable porque encarna la humildad y la posibilidad de redención que todos llevamos con nosotros pero a las que tantas veces damos de lado.