El talento de Mr. Ripley

Patricia Highsmith (Fort Worth, Texas, 1921 – Locarno, Suiza, 1995), 1955.

Anagrama Compactos, 1ª ed. en 1981. 324 páginas.

Trad. del inglés de Jordi Beltrán

 

Tom se decía que tal vez mistress Cartwright había sido una verdadera arpía en su juventud, que quizá era ella la culpable de todas las neurosis de su hija, a la que había absorbido hasta el punto de impedirle llevar una vida normal y casarse. Tom se decía que tal vez mereciese que la echasen a patadas por la borda, en vez de llevarla a pasear por cubierta, escuchando sus historias durante horas y horas. Pero daba igual. El mundo no siempre daba a cada cual su merecido. Él mismo era un buen ejemplo de ello.  (p. 317)

 

La autora

El lado oscuro de la condición humana protagoniza frecuentemente las novelas de la escritora texana Patricia Highsmith (1921 – 1995), puede que debido a lo complicada que fue su vida. Entre otras cosas, por la obsesión por conseguir el amor de su madre, y por su condición de lesbiana en una época en la que la homosexualidad se consideraba delito y enfermedad. En su diario escribió que de niña aprendió a “vivir con un odio homicida y opresivo” y a sofocar sus emociones más intensas porque, como ella misma confiesa:

“Hubo un momento, con dieciséis o diecisiete años, en que comencé a tener escalofriantes ideas.”

El eco de estas escalofriantes ideas impulsaría su vocación hasta convertir a Patricia Highsmith en una de las grandes autoras de novela negra norteamericana. Investigadora de conciencias, de oscuras y malsanas conciencias. En otra confesión, defiende:

“Estoy interesada en la conciencia de la gente. Busco la carga más pesada que pueda encontrar. La peor de todas es sin duda la de un asesino. Y por eso soy tan incisiva con sus reacciones. Porque soy capaz de meterme en la mente de alguien que ha matado a otro”.

Ya su primera novela, Extraños en un tren (1950) se convirtió en un gran éxito, y logró la fama mundial, sobre todo tras la adaptación de Alfred Hitchcock, un año más tarde. A partir de ahí, Patricia Highsmith se ha convertido en una de las maestras indiscutibles de la novela criminal, y en toda una leyenda. Finalmente, decidió recluirse en su casa de Suiza, donde se volcó sobre su máquina de escribir, sobreviviendo a base de vodka y sexo.

 

Adaptaciones y ediciones

Matt Damon, Gwyneth Paltrow y Jude Law protagonizaron en 1999 El talento de Mr. Ripley, remake de la versión de 1960 de René Clement con Alain Delon como Ripley, que fue, de forma similar a lo que sucedió con Extraños en un tren, un gran empujón de la novela de Higsmith a la fama mundial, hasta el punto de que hoy es considerada una de sus mayores obras.

Esta primera adaptación fue estrenada con el título A pleno sol, lo que haría que Anagrama, en su colección Compactos, publicara en 1989 la novela bajo ese mismo título. La editorial, fiel a la autora desde los años ochenta, propone, en 2015, ponernos una vez más tras los pasos de la prosa inquietante de Highsmith y su talento investigador de la turbia mente humana. Dentro de la nueva colección “Negra”, nos ofrece seis títulos imprescindibles de la bibliografía de Highsmith. Además de la que nos ocupa, se publican las novelas: Ese dulce mal (1960), El grito de la lechuza (1962), Crímenes imaginarios (1965), El diario de Edith (1977) y la citada Extraños en un tren.

 

La obra

Los personajes de Highsmith, en su mayoría nocivos y llenos de psicopatías, nacieron de su carácter complicado, visceral y contradictorio. El talento de Mr. Ripley, publicada en 1955, está dominada por la presencia de Tom Ripley, un joven americano de 23 años. Es un tipo tormentoso, brutal, inquietante, escurridizo… Y eso que al principio solo parece un tímido joven neoyorquino. Pero tras esa tranquila máscara discurre la mente amoral de un delincuente, dueño de un talento asesino. En su pervertida psique, los actos de Tom Ripley se antojan necesarios, inevitables, y se asumen como meras gestiones que hay que resolver para poder llevar una vida cómoda. Ni sombra de duda o arrepentimiento.

Esta violencia, este pulso sanguinario, extiende sus dendritas con la ayuda de la prosa de mirada despiadada de la autora, fruto de una infancia marcada por el odio. De la misma forma que no hay debate en el corazón de Ripley, tampoco lo hay en la narración de Highsmith. Ni una sola concesión a la introspección, al planteamiento ni a la digresión. La narración prosigue sin concesión. Porque no hay concesión en las mentes malsanas que Highsmith, a cambio de tantos años de ira y dolor, sabe construir como nadie.

(Tomado en parte del programa de televisión de RTVE Página Dos emitido el 01 de noviembre de 2016 y del programa de radio Biblioteca Básica, también de RTVE, emitido el 20 de marzo de 2015)
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