La chica del tren

Paula Hawkins (Harare -Zimbabwe-, 1972), 2015.

Planeta, 8ª ed. 491 páginas.

Trad. de Aleix Montoto

 

Me gustaba. De hecho, me encantaba. Nunca me sentí culpable. Pero hacía ver que sí. Tenía que hacerlo por mis amigas casadas, las que vivían con el miedo de la au pair coqueta, o de la guapa y divertida chica de la oficina con la que se podía hablar de fútbol y se pasaba media vida en el gimnasio. Tenía que decirles que por supuestoque me sentía fatal, por supuesto que lo sentía por la esposa, yo no había querido que pasara todo esto […]     (p. 360)

El efecto “thriller veraniego” que logra récords de ventas sin ser literatura especialmente buena, aunque en ocasiones ciertamente adictiva, situó el año pasado, 2015, La chica del tren, en los cinco millones de ejemplares vendidos (el que yo leo, publicado en julio, es una octava edición). Estas novelas frecuentemente están escritas por autores sin grandes precedentes, empujados a primera línea de fuego por las entusiastas editoriales a las que no les hace especial gracia la discusión en torno a la calidad literaria. Es el caso de Paula Hawkins (Harare, 1972), periodista de The Times en Londres pero criada en Zimbabwe.

La chica del título es Rachel, víctima de un pasado reciente traumático que le ha hecho naufragar en el alcoholismo. Y el tren es el de las 08:04 hacia Londres que coge diariamente desde su casa. En este trayecto, el tren se detiene siempre cerca del mismo vecindario, donde tiene ocasión de observar las escenas privadas que ocupan a la joven pareja de una de las casas. Una vida feliz que ella envidia y añora porque le fue cruelmente arrebatada. Hasta que llega el día en que parece que no es oro todo lo que reluce. En este punto, comienza a desarrollarse una trama criminal en la que Rachel en parte se ve involucrada y en parte usa para exorcizar sus propios fantasmas.

Trama concebida por unos personajes profundos, cuya delineación en ningún momento permite que la descripción invada el terreno de la acción, en una nivelación maestra del conjunto. Los problemas de las tres protagonistas femeninas se desarrollan en una secuencia que alterna las confesiones de cada una ellas, con frecuentes saltos temporales, que van configurando una visión cada vez más panorámica. En esta visión se incluye un tratamiento profundo del problema del alcoholismo y una emotiva evocación del pasado feliz irrecuperable y de los salvajes desgarros de la pasión.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s