La ciudad blanca

9786078563265Karolina Ramqvist (Gotemburgo -Suecia-, 1976), 2015.

Anagrama. 1ª edición. 2017. Trad. de Carmen Montes Cano

 

En cuanto entró por la puerta, y después de cerrarla bien con llave, se quitó con el pie los botines empapados y llenos de barro allí mismo, en el pasillo, dejó en el suelo la sillita, donde Dream seguía durmiendo, y devolvió al cajón el billete de quinientas coronas. Solo quedaban dos. Y dos de cien. Una miseria.

Cogió la pistola y la sopesó en una mano.    [p. 99]

 

Karolina Ramqvist (Gotemburgo, 1976) es una periodista sueca, editora jefe de la revista Arena y colaboradora de otros diarios. Su tarea literaria se limitaba a varias novelas y relatos con una trascendencia limitada a su país, donde es una escritora influyente. Hasta su última novela, La ciudad blanca. Con apenas doscientas páginas, se ha hecho con el Premio Per Olov Enqvist, uno de los más prestigiosos de Suecia, y ha dado un salto muy lejos de sus fronteras. En Escandinavia ya es un bestseller. Recientemente, Anagrama lo ha importado al público hispanohablante, entre el que va camino de tener muy buena acogida. Éxito debido, en parte, a contener un notable ejercicio estilístico de contención y un posicionamiento temático poco habitual.

 

Blanco nórdico

La vida de Karin se ha desmoronado. Aunque poco a poco Ramqvist nos devela sus secretos, nuestra protagonista nunca dejará de ser un misterio. Sobre ella conocemos a Dream, su bebé, y a John, quien en el pasado estuvo a su lado. Pero John ya no está, y los restos del naufragio de una vida en común se ciernen sobre Karin, erosionándola poco a poco. Vive recluida en su casa, asediada por la nieve, el frío, la oscuridad y el desamparo. Más bien sobrevive, pues sus recursos se acaban de agotar. John tenía ocupaciones peligrosas y turbias, pero que costeaban una vida feliz y desaprensiva. Hasta que todo estalló por los aires.

 

Tensión contenida

Como se ha dicho, una de las grandes aportaciones de La ciudad blanca es estilística. Blamqvist demuestra una destreza genuina en el manejo de las descripciones. Desde escenas intimistas, se consigue transmitir un mensaje de gran potencia: desesperación,  agotamiento, ansiedad, miedo, violencia… Y todo esto sin apenas hacer que el personaje protagonista abandone la casa. Este despliegue es posible gracias a una administración magistral de la información que el lector desconoce. La mayoría de la cual, por cierto, nunca llegará a conocer. Sin embargo, la autora

nos demuestra las incógnitas incógnitas que rodean a Karin pueden ser tan elocuentes como los actos consumados.

 

A caballo entre géneros

Este planteamiento hace que formalmente la novela sea difícil de clasificar. La publicidad ha dicho de ella que se lee como un thriller, pero no lo es. Es difícil concebir este género sin acción. Es más bien una novela intimista, que orbita en torno a los sentimientos que asedian a una madre desesperada. El desasosiego con el que convive Karin proviene de un pasado, el de su marido, que bien podría haberse descrito en un thriller, pero que se relega al universo imaginario del lector. Entretanto, una ejecución literaria llamativa sitúa La ciudad blanca como una novela que está lejos de ser memorable, pero que sí es interesante para un ojo experto.

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