Artículos de prensa

Ni Joyce sabía de qué iba su ‘Ulises’

CLÁSICOS LATOSOS | 3

El autor se sirve de parodias y sátiras, intertextualidad, palabros, latinajos y un sinfín de figuras retóricas para construir una historia cuyo objetivo no es la coherencia.

https://elpais.com/cultura/2018/03/09/babelia/1520596545_999884.html

 

John Carey habla por ello de la perversa “duplicidad” de Ulises: un retrato supuestamente fiel del “hombre de la calle” hecho ininteligible para ese mismo hombre.

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El libro corto más largo del mundo

CLÁSICOS LATOSOS | 2

Del ‘Cándido’ de Voltaire suele repetirse acríticamente que explica el mundo actual, que es una gran obra de humor, un antídoto contra el optimismo y un clásico en miniatura. Tres de esos argumentos son falsos. En el fondo, está lejos de la maravilla que, en parte, lo inspiró: ‘Los viajes de Gulliver’

 

https://elpais.com/cultura/2018/01/26/babelia/1516963638_730973.html

 

Cándido, de François-Marie Arouet, alias Voltaire, es, según con quién hablen, “uno de los grandes logros de la literatura occidental” o uno de los libros más tabarreros que ustedes, lectores modernos, pueden echarse a las neuronas.

 

Irónicamente, dan ganas de leer Cándido. En parte, por su brevedad.

¿Por qué estamos obligados a leer un tostón como ‘Moby Dick’?

CLÁSICOS LATOSOS | 1

Kiko Amat hace un resumen de algunas de esas grandes obras de la literatura que seguro que ustedes no tienen intención de leer

¿Conviene leer los clásicos? Más aún: ¿conviene leerlos hasta el final? Kiko Amat se sacrifica por sus lectores y, en esta nueva sección, procede a leer (a veces por segunda vez) una selección de todos esos grandes clásicos de la literatura universal que ustedes no tenían la menor intención de empezar, especialmente si fuera hacía bueno. La serie arranca con Moby Dick, de Herman Melville.

 

https://elpais.com/cultura/2017/12/12/babelia/1513073168_414520.html

 

¿Se imaginan que Jesús en el Nuevo Testamento solo realizara un pequeño cameo hacia el final, como mercader de burros o acarreador de jofainas? Esa es la política Melville en lo tocante a Ahab. Y eso que, cuando aparece, suelta las mejores frases. Pero Melville le debe tener ojeriza, porque casi no puede esperar a cortar sus formidables soliloquios dementes para permitir la entrada de algún personaje secundario: Stubb. Flask. Starbuck. Pip. Ismael. Tashtego. Quiqueg. Incluso el “tercer marinero de Nantucket”, quien —como habrán observado— es tan menor que Melville ni se molesta en darle nombre. Todos hablan, beben, afianzan los trinquetes o expulsan ventosidades en el preciso momento en que su patrón abre la boca.    (Kiko Amat)

 

El hecho mismo de que alguien se sienta obligado a leer una obra en concreto puede parecer absurdo. Pero me resulta confortante la desmitifación.

La conquista de Europa

Los ejemplos son múltiples, y van todos en la misma dirección: acomodar Europa a las necesidades alemanas. (Ángel Ubide)

http://economia.elpais.com/economia/2016/02/04/actualidad/1454605021_511385.html

¿Una integración internacional que se traduce en una limitación de la soberanía de los estados? ¿Una política social jalonada por crisis humanitarias? ¿Concesiones excepcionalmente discriminatorias a las potencias que amenazan con largarse y que suenan a parchetazos en el supuesto espíritu original de la Unión? ¿Una política económica que hace pender las posibilidades de gasto público de las fluctuaciones bancarias especulativas? ¿Una supeditación del poder político a la amenaza de la economía? ¿Un modelo de liderazgo basado en una locomotora que marca el ritmo de todos los vagones de cola?

Literatura: instrucciones de uso

¿Leer puede hacerte más feliz? […] Prefiero amenazar con un no leer seguro que te hace más tonto. Mucho más tonto de lo que piensas. Más que eso que estás pensando. (Rodrigo Fresán)

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/03/actualidad/1454497660_313853.html

 

Precisamente a los pocos días de leer el último libro de Manuel Rivas, muy en esta línea otra reivindicación de la literatura, de esas que da gusto encontrarse, esta vez a cargo del escritor y periodista argentino Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963). La literatura como herramienta para el crecimiento personal, para la lucidez, para la madurez, como anestésico para digerir la infelicidad y como garantía de serenidad.

 

 

El derecho a la ofensa

El único derecho que no deberíamos tener en una democracia es el derecho a no ser ofendidos (Flemming Rose).

El derecho a la ofensa, Flemming Rose, El País, 13/12/2015

 

Se echan de menos artículos tan lúcidos en la prensa diaria. La libertad de expresión es uno de los grandes logros que, al empuje de la globalización y la multiculturalidad, nos empeñamos en prostituir en un contexto de mojigatería e incultura. Porque es precisamente la cultura, el refuerzo de las opiniones que da el contraste y la inquietud, la que evita que nuestras ideas se deavalúen hasta el punto de que cualquiera es capaz de ofendernos. Esta falta de madurez personal e intelectual es una de las fuerzas que nos convierte en una sociedad de una decadencia irreversible.