Libros

La marca del meridiano

Lorenzo Silva (Madrid, 1966),  2012.
Booket, 2ª ed. 2016. 400 páginas.
Premio Planeta 2012

 

Todos llevamos ese animal, que conduce a la perdición a quien vive a su dictado, y a descubrir y a vivir la pasión que lo sostiene todo a quien aprende a domeñarlo y convivir con él.   [p. 305]

 

La marca del meridiano me ha servido para recordarme que no hay que fiarse de los premios literarios, y menos de los más comerciales. Muchos de ellos no parecen concederse al título premiado, si no a las últimas obras de un autor, en restrospectiva.

El número más celebrado de la serie de Bevilacqua y Chamorro es posiblemente también el más insulso. Aunque la culpa puede ser de mis expectativas. Eso sí, sin llegar a ser un mal libro; al fin y al cabo se trata de Silva. Sus rasgos característicos parecen caricaturizarse a sí mismos. Se abusa del sarcasmo, y los entresijos de la investigación, que en otras entregas es uno de los puntos fuertes, aquí abruman. Cuando al fin se llega a los momentos culminantes, no se dice nada que no parezca haberse dicho antes. Dos puntos positivos: primero, las escenas en discotecas, que Silva domina. Segundo, que al fin, después de tanto tiempo, se desvela una parte muy importante del pasado de Vila.

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Despertad al diplodocus

José Antonio Marina (Toledo, 1939), 2015.

Ariel. 1ª ed. 224 páginas.

 

“Podríamos mejorar el sistema educativo español en poco tiempo? Hacerlo con rapidez me parece un objetivo moral ineludible. Los adultos […] tal vez nos podamos permitir perder el tiempo, pero los niños y los adolescentes, no”    (p. 13)

 

La obra del gran ensayista José Antonio Marina (Toledo, 1939) ha colocado a su autor como una de las voces públicas más respetadas en el panorama intelectual español.  Formado como filósofo, su interés se ha centrado en variados campos de la psicología (Elogio y refutación del ingenio, Anagrama, 1992; El rompecabezas de la sexualidad, Anagrama, 2002; Anatomía del miedo: un tratado sobre la valentía, Anagrama, 2006), la teología (Dictamen sobre Dios, Anagrana, 2002), la política (Los sueños de la razón: ensayo sobre la experiencia política, Anagrama, 2003) o la economía (La creación económica, Anagrama, 2003). Aunque sus temas predilectos son dos: el fenómeno de la inteligencia y la pedagogía, así como en la íntima interconexión que existe entre ambas. De hecho, buena parte de la producción intelectual de Marina está dedicada a la exploración en una Teoría de la Inteligencia que, en la práctica, desemboque en una Teoría de la Pedagogía (véase http://www.joseantoniomarina.net).

Todo este trabajo ha sido reconocido con el Premio Nacional de Ensayo 1993 y por el Premio Anagrama de Ensayo 1992, ambos por  Elogio y refutación del ingenio, entre otros muchos galardones.

 

Una vuelta a la pedagogía

En uno de sus más recientes ensayos, Despertad al diplodocus, Marina vuelve a centrar su interés en el campo de la pedagogía. Propone una hoja de ruta para mejorar la calidad de la educación española. Esa gran bestia, inmensa y poderosa como un Diplodocus, pero que permanece dormida, ignorante de su propio potencial.

La mejora del Sistema Educativo se presenta como una obligación moral, pues el medio último del que nos dotamos la sociedad para alcanzar la inclusión plena en el sistema, la realización personal y, en definitiva, la felicidad.

Marina establece que para iniciar un proceso de transformación, hacen falta tres elementos:

 

1. Creer que es necesario

Convencer a quienes van a protagonizarlo o a sufrirlo de la necesidad de hacerlo. Y entre estas razones, las económicas y las laborales, aunque importantes, no son las decisivas. Lo son las razones sociales, políticas y éticas. En este punto es donde el docente debe darse cuenta de su papel crucial en la sociedad.

 

“La finalidad esencial de la labor educativa consiste en que el educador logre introducir en el espíritu del niño las normas de una conducta moral. No se nos pide hoy niños sabios, pero se nos pedirá mañana hombres buenos”

(María de Maeztu, El problema de la Ética; citado en p. 31)

 

2. Querer hacerlo

Pero, aunque las razones pueden ser convincentes no bastan para llevar a la acción. La motivación es un fenómeno mucho más complejo. Hay que despertar emociones, hacer atractivos los fines, manejar los incentivos necesarios… Y como última gran motivación, hay que afirmar la imperiosa obligación ética que debe impulsarnos.

 

“Soy violentamente reivindicativo de la obligación de excelencia que tenemos los docentes” 

(p. 18)

 

3.Saber cómo hacerlo

Por último, es el aspecto práctico el punto más personal en el discurso de Marina. Habla de pactos educativos, del papel de la escuela, de la familia y del Estado, etc., pero, ante todo, lo fundamental es elaborar una “teoría de la inteligencia” integradora y práctica.

La inteligencia, para Marina, es el conjunto de recursos que tiene el ser humano para alcanzar la felicidad, tanto subjetiva, es decir, su bienestar individual, como objetiva, es decir, el “conjunto de condiciones sociales, económicas, institucionales y convivenciales que favorecen el acceso a la felicidad objetiva”. Si sólo fomentáramos la felicidad objetiva, viviríamos en “la selva donde el pez grande se come al chico, y hace bien”. La educación, más que conocimientos, tiene que afianzar competencias. Competencias para alcanzar estas dos felicidades.

Por tanto, “¿podemos ponernos de acuerdo en la descripción de las condiciones para que se dé la felicidad objetiva, social, y de las normas éticas necesarias para conseguirla?” Para Marina, sí. Si eliminamos “la pobreza extrema, la ignorancia, el dogmatismo, el miedo y el odio al vecino”, evolucionamos hacia una convergencia universalmente deseable: “derechos individuales, rechazo a las discriminaciones no justificadas, participación en el poder político, racionalidad, garantías jurídicas y políticas de ayuda”. Marina establece que las distintas culturas, pese a los importantes períodos de involución, como los fascismos del siglo XX, han convergido de forma individual en la prevalencia, al menos teórica, de estas normas, como algo universalmente deseable, de la misma forma que en el Neolítico las distintas culturas convergieron en la agricultura como algo igualmente deseable universalmente. Marina llega incluso a elaborar una teoría sobre esta convergencia, que llama “ciencia de la evolución cultural”, y que desarrolla en su obra Las culturas fracasadas.

 

“Tras la educación está el gran secreto de la perfección de la naturaleza humana. Descúbrase aquí la perspectiva de una dicha futura para nuestra especie”

(Kant; citado en p. 77)

 

Un desafío ético y social

Este discurso implica la convicción en un universalismo ético. Marina nos quiere decir que es necesario convencernos de unas normas universales sobre el Bien que trasciendan todas las culturas. Y no sólo eso, sino que debemos trasladar estas normas a la escuela, ya que son la lección fundamental de la educación.

Con un estilo expositivo cristalino y muy ordenado, Marina recorre a veces lugares comunes. Mucho más valiosas son sus aportaciones propias, una serie de argumentos que, en un desafío intelectual, nos empujan a reconciliarnos con la educación española. Y nos hacen plantearnos preguntas cruciales ¿Poseemos una educación de calidad? ¿La hemos recibido? ¿Estamos formando a profesores excelentes? ¿Cuánto daño podemos estar haciendo? Hay que pensar seriamente en ello.

Todo lo que muere

John Connolly (Dublín, 1968), 2004.

Tusquests. eBook. 432 páginas. Trad. de Carlos Milla Soler.

 

Avancé con cautela hacia la cocina, rozando con las yemas de los dedos la fría pared de mi izquierda. La puerta estaba casi cerrada y la abrí despacio con la mano. “¿Susie?”, llamé a la vez que entraba. Resbalé ligeramente al pisar algo húmedo y pegajoso. Bajé la vista, y estaba en el infierno.      [p. 10]

 

El irlandés John Connlly (Dublín, 1968) ha adquirido renombre gracias, entre otras, a la publicación de la serie de novelas protagonizadas por el detective de Brooklyn Charlie “Bird” Parker. Recientemente Tusquets ha publicado la última entrega: Tiempos oscuros (entrevista a este propósito en el programa Página 2).

Una de las principales apuestas de esta saga es la historia singular de Parker, que se cuenta en las primeras páginas del libro. Tras una discusión con su mujer, sale a beber. Al regreso, la encontrará brutalmente asesinada, junto a la pequeña hija de ambos. Es apartado del cuerpo y ahora se gana la vida como detective privado. Desde entonces, vive consumido por la culpabilidad, el deseo de venganza y el esfuerzo por silenciar estas pulsiones en el esclarecimiento de otro caso. El cual le lleva al profundo sur americano. No obstante, el autor de los asesinatos contra su familia no tardará en hacer acto de presencia.

Lo que me decidió a darle una oportunidad es una baza que juega Connolly y que hasta ahora me resultaba una novedad en la tradición policiaca: los sucesos sobrenaturales.  Sobre un planteamiento tradicional, se incluyen rasgos en la naturaleza del asesino, y en la relación que Parker experimenta con su esposa e hija difuntas, que tienen muy difícil explicación. Generando un ambiente parecido al de True Detective.

No obstante, no se aprovecha el potencial de una idea de partida tan buena. Hay un problema con el ritmo, creo que porque le sobran unas doscientas páginas, invertidas en una montaña irrelevante de personajes, a menudo presentados con historias o chascarrillos particulares previos, muchos de los cuales podían haberse fundido en uno solo o directamente eliminado. O en descripciones de lugares indefectiblemente al comienzo de cada escena. Por último, la historia llega a una culminación hacia la mitad exacta, y bien podría haber terminado. Pero se reinicia renqueante para empeorar aún más. Lastrado por estos defectos, Todo lo que muere resulta una obra que se lee con mucha pereza y que no invita a profundizar en la historia de Bird Parker.

La estrategia del agua

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), 2010.

Booket (Planeta). 5ª ed., 2016. 411 páginas.

Pude así recobrar aquella enojosa sensación, tan semejante a que se le queda acabado el guateque al irreflexivo dueño de la casa (o a su asistenta, en los hogares pudientes), y que de tanto saborearla ya se había convertido para mí en una especie de forma de vida.             [p. 62]

 

La estrategia del agua es el sexto número de la serie protagonizada por los guardias civiles Andrés Bevilacqua, alias Vila, y Virginia Chamorro. Esta colección es ya uno de los clásicos de la novela policíaca en castellano. Por mencionar sólo parte de su historial, cuenta con un Premio Nadal (en el 2000 por El alquimista impaciente), un Premio Planeta (en 2012 por La marca del meridiano) y dos adaptaciones cinematográficas. Con la reciente publicación de Tantos Lobos, la serie cuenta con nada menos que diez títulos, dos de ellos libros de relatos. Y todo esto en solo 19 años de existencia.

Y es que la productividad de Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es legendaria. Es una de las razones que le han aupado a lo más alto de la narrativa actual. En su haber se cuentan más de cuarenta títulos. Y casi ningún género queda fuera de su alcance. Pues además de la policíaca, Silva domina la novela histórica (Carta blanca, 2004, Premio Primavera; o la reciente Recordarán tu nombre), el relato (El déspota adolescente, 2003), el género infantil y juvenil (Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, 1997), el ensayo (Sereno en el peligro, 2010, Premio Algaba) y la novela negra (La flaqueza del bolchevique, finalista del Premio Nadal 1997).

 

Guardias con solera

La estrategia del agua tiene en común con el resto de novelas de la serie de Bevilacqua varios rasgos estilísticos. En primer lugar, la relación entre ambos protagonistas, que ha evolucionado con los años desde la disciplinaria hasta la profunda amistad que se profesan en estas páginas. Un amplio trabajo de documentación sobre la parte rutinaria de la investigación criminal. Un magnífico dominio sobre la descripción y el diálogo. Y, ante todo, unas digresiones introspectivas firmadas por el protagonista, Bevilacqua, que desde la nostalgia llegan a ser en ocasiones poderosamente emotivas.

Otra de las características de la serie es el estilo expresivo de Silva. Muy didáctico y claro en las digresiones, sin el cual estas no serían tan valiosas. Pero quizás demasiado artificial en los diálogos. Las oraciones son tan largas y tan elaboradas que en boca de los personajes carecen de verosimilitud. Este rasgo es especialmente importante en este título, pues la historia se desarrolla sólo en un par de días y los diálogos cobran mucha importancia.

 

Padres coraje

En esta entrega Vila dirige el equipo encargado de esclarecer la muerte de Óscar Santacruz. La víctima tiene antecedentes por tráfico de drogas y violencia de género. Sin embargo, la parte decisiva de su historial será su reciente divorcio. Uno de los temas principales de los soliloquios de Vila en esta entrega son estos padres divorciados que tienen todo en contra para participar en la educación de los hijos. Además, es la situación del propio Vila.

También se dedica bastante atención al cohecho. La narración comienza con un turbio fallo judicial que pone en libertad a un hombre recientemente capturado por Bevilacqua. Esto exagerará su ya característico cinismo.

Ambos temas tocan por tanto de cerca a Bevilacqua, relegando a Chamorro a una posición más secundaria de lo habitual. El escenario, por su parte, es Madrid, ciudad natal y predilecta del autor y que se convierte por momentos en un personaje más.

 

Serenos ante el peligro

La estrategia del agua mantiene el gran nivel al que los lectores están acostumbrados. Vuelve a seducir con la parte más prosaica del trabajo de investigación. Los personajes mantienen su carisma. Y se consigue empatizar de nuevo con el lector a nivel emotivo e intelectual. El sello Silva sigue en muy buena forma, y hace grandes promesas.

 

 

Un día de cólera

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), 2007

Punto de Lectura (grupo Penguin Random House). 1ª ed., 2009. 424 páginas

 

Detesta perder los estribos, él que tiene fama de hombre sereno; pero ayer estuvo a punto de ocurrir. Es difícil no contagiarse de ambiente general. Todos viven con los nervios a flor de piel, la calle anda inquieta, y el día que se presenta por delante no va a ser fácil, tampoco.     [pág. 42]

 

El siglo XIX es uno de las etapas predilectas de Pérez-Reverte (aunque no hay muchas que no lo sean). En esta época están ambientadas no sólo Un día de cólera, si no también Cabo Trafalgar (2004) y El asedio (2010).

En 1807, Manuel Godoy permite la entrada de tropas francesas en España con el supuesto objetivo de una invasión francoespañola de Portugal (Tratado de Fonainebleau). Las tropas napoleónicas, sin embargo, se fueron desplegando por las principales ciudades españolas de norte a sur, levantando suspicacias en la población. Esta ocupación de facto provocó unas tensiones populares incontenibles que acabaron desembocando en la caída de Godoy (motín de Aranjuez, marzo de 1808), y la miedosa abdicación de Carlos IV y el príncipe Fernando en Napoleón (abdicaciones de Bayona, mayo de 1808). El más famoso e importante de estos motines populares fue el levantamiento del 2 de mayo en Madrid. Empujados por las luchas callejeras, un grupo de militares encabezado por los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde se atrincheraron en el Cuartel de Artillería de Monteleón. El resultado fue varios cientos de muertos, entre tropas de ambos bandos y ciudadanos madrileños.

No es extraño que Reverte escriba sobre estos acontecimientos. Constituyen el caldo de cultivo perfecto para sus personajes anti-heroicos y sus épocas históricas crepusculares, donde los protagonistas son manolos anónimos y militares desarraigados y lúcidos entre navajazos, arcabuzazos a quemarropa y desparrame de vísceras.

El gran punto de controversia de Un día de cólera es su enfoque. No es una novela, si no una crónica. Una colección cronológica de las historias individuales que conformaron el fresco de aquel día. Con una exhaustiva documentación sobre nombre de calles, esquinas y vecinos propia de las novelas de Reverte, pero esta vez sin ninguna concesión a la ficción.

Personalmente, no estoy acostumbrado a estos planteamientos. El lector que busque una novela histórica con una estructura narrativa más sólida se encontrará con una crónica de una exhaustividad poco manejable. No es una novela, pero como libro de Historia canónico el sentido de la trascendencia de los hechos del 2 de mayo en Madrid se acaba difuminando, enterrado entre tantas historias personales. Entretanto, la efectividad y el interés acaban malográndose. Un día de cólera contiene un espíritu que tendría mejor capacidad de penetración en el lector recortando más de la mitad de su contenido.

Retrato de un hombre inmaduro

Luis Landero (Albuquerque, Badajoz, 1948), 2009.

Tusquets, 3ª ed. (2010), 234 páginas.

 

No sé si a usted le ocurre, pero uno se pasa la vida pensando que la vida está siempre un poco más allá. Quizá tras aquella revuelta del camino. Allí nos tienen preparada una fiesta. ¿No oyes ya el bullicio y la música de los recibimientos? Allí saldarás al fin tus deudas, cobrarás con creces tus haberes, conocerás el sabor de las promesas finalmente cumplidas. Porque no es una fiesta para el primero que llegue sino sólo para ti, hecha sólo en tu honor. ¡Vamos, apúrate, que te están esperando! Y tú avivas el paso, saltas, bailas, corres hacia el prodigio, y así pasan los días. Nuestros mejores momentos de felicidad han crecido al calor de esa certeza lastimosa.    [p. 135]

 

Landero es el mejor representante del espíritu quijotesco superviviente en la vida actual. Sus personajes están siempre marcados por una mezcla nostálgica y patética que los enlaza con la tradición más genuinamente antiheroica de nuestras letras. El detonante común de todos ellos es lo que el propio Landero llama el “afán”: la búsqueda de la autorrealización a través del cumplimiento de un sueño personal (muchas veces, profesional), que al estallar en mil pedazos hace cristalizar esa mezcla de triste resignación en los protagonistas. Búsqueda llevada a cabo a través del absurdo.

Estas son las herramientas que el autor pacense tiene para conmover al lector, y resultan ser herramientas muy poderosas. Afiladas además con un dominio del lenguaje que llena cada página de belleza. Esta baza es en algunas obras, como en El balcón de invierno, la más decisiva en el sostenimiento de la narración.

El protagonista hace un balance de su vida postrado en una cama de hospital, en un trance que puede ser de sus últimas experiencias. En estos recuerdos se encuentra el Landero más nostálgico y existencialista, pero sin perder el aliento de amor hacia el hombre y hacia la vida, en un equilibrio emocionante al alcance sólo del talento de muy pocos.

El mundo

Juan José Millás (Valencia, 1946), 2007.

Planeta Booket. 1ª edición. 2009. 240 páginas. 

Premio Planeta ’07, Premio Nacional de Narrativa ’08

 

Un día se me ocurre la idea de que mientras yo permanezco con los ojos cerrados, el niño ciego ve, de modo que empiezo a cerrarlos con frecuencia, en clase de matemáticas, de geometría, durante la comida, en el recreo, también en el pasillo de casa, en el cuarto de baño, en la cocina… Tengo la convicción absurda de que un hay vínculo misterioso que nos obliga a compartir la vista. Llega así un momento en el que paso casi la mitad del día con los ojos cerrados. Las monjas empiezan a llamarme la atención; mi madre me pregunta si me ocurre algo; empiezo a producir inquietud a mi alrededor.      [p. 20]

 

Uno de los más grandes exponentes de la autoficción en castellano. Por el reconocimiento recibido, El mundo es ya un clásico contemporáneo: aglutina dos de los más prestigiosos galardones en nuestro idioma en menos de 250 páginas. En él, Juan José Millás, afianzado no sólo en el mundo de la novela si no también en el periodístico, compendia sus memorias, especialmente de la infancia, adolescencia y primera madurez. En estos episodios se dibuja a un hombre hipocondríaco y nervioso al nivel de la neurosis, traumatizado por la emigración de su familia de Madrid a Valencia y por una infancia siendo diferente. Alternando entre lo disparatado y lo trágico, el calificativo que domina la obra es el de entrañable. Empujado por lo divertida que resulta, cualquier lector empatiza con un narrador que, entre los márgenes de la fabulación y el recuerdo, se muestra generosamente humano y débil.

De vidas ajenas

Emmanuel Carrère (París, 1957), 2011.

Anagrama Compactos.  3ª edición. 2015. 264 páginas. Trad. de Jaime Zulaika.

 

¿Cómo es posible que esta mujer apriete contra ella a su hijo vivo mientras que mi pequeña está toda fría y no hablará ya nunca ni volverá a moverse? ¿Cómo no odiarles, a ella y a su hijo? ¿Cómo no rezar: Dios, haz un milagro, devuélveme a la mía, llévate al de ella, haz que sea ella la que sufre como yo sufro y que sea yo la que esté tan triste como ella, con esa tristeza cómoda y colmada que sólo sirve para disfrutar mejor de tu buena suerte?      [p. 51]

De vidas ajenas es una de las principales novelas de Emmanuel Carrère (París, 1957), escrita después de Una novela rusa y de El adversario. Precisamente, es tradicionalmente presentada (y el propio autor así lo hace) como la novela opuesta a esta última. Si El adversario trataba sobre la oscuridad y el mal, De vidas ajenas lo hace sobre la luminosidad y la superación.

Aunque, como en El adversario, también está escrita a partir de una muerte. En 2004, Carrère se encontraba en Sri Lanka, donde vivió de primera mano el tsunami que asoló el país y provocó más de doscientas mil muertes. Entre ellas, la de Juliette, la hija del joven matrimonio que los Carrère conocieron allí. Pocos días después fallecerá la cuñada del escritor, llamada también Juliette, a causa de un cáncer. A raíz de estos sucesos, conoce a Étienne Rigal, compañero de profesión de su cuñada, quien sufrió la amputación de una pierna también debida al cáncer. En su historia se encarna la tensión de la desgarradora lucha por buscar razones para seguir viviendo. Lucha que Romand no estuvo dispuesto a librar.

La verdadera comunicación requiere de la sinceridad sin concesiones, como la verdadera desinfección necesita del escozor. Y en este caso Carrère sigue siendo un maestro (si bien en esta ocasión reconoce que admitió las modificaciones que los aludidos quisieron hacer sobre su propia historia). Creo que no conozco a ningún otro autor con semejante dominio sobre el poder de la palabra para confortar. ¿Acaso tiene un fin más alto la literatura?

 

Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie

Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948), 2005.

Planeta Booket.  4ª edición. 2017. 400 páginas

Va a ser demasiado peso para la avioneta -objeta-. Llevamos el depósito a tope de gasolina y la pista es corta y acaba en árboles.

-La maleta tiene que ir -replica el ayudante de Sanjurjo-. Contiene los uniformes de gala del general y sus condecoraciones. ¡No va a llegar a Burgos, en vísperas de la entrada triunfal en Madrid, sin los uniformes!       [p. 48]

 

Eslava Galán no es solo uno de los historiadores españoles de primera línea. También ha patentado un modo propio de contar la Historia. Consiste básicamente en una dosis justa de novelización y un sentido del humor franco y desenfadado. Así lo hace en su serie Historia contada para escépticos (de la cual aquí se comentó Historia del mundo contada para escépticos), donde los conflictos bélicos del siglo XX y la época de entreguerras son los episodios preferidos. Con un nivel de productividad muy por encima de la media (unas tres novelas al año), ha mantenido paralelamente a esta serie un ingente número de ensayos históricos y novelas, que abarcan casi todas las épocas. Algunas de ellas galardonadas con las más altas menciones del panorama editorial (En busca del unicornio, Premio Planeta 1987).

En Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie este estilo no va en contradicción con la exhaustividad. Es una verdadera enciclopedia de la contienda. El autor jiennense despliega su erudición no sólo acerca de la Historia canónica del episodio, sino de una interminable serie de anécdotas, chascarrillos, curiosidades y extravagancias. Los momentos que hacen el libro más ameno es cuando ese saber enciclopédico se vierte en algunas de las ridículas escenas que en este periodo de tres años protagonizaron algunos personajes como Franco, Millán Astray o Queipo de Llano; o bien gente anónima: curas, aldeanos, tenderos, etc. Por otro lado, en muchos pasajes de novelización el libro se lee como un thriller, redactado con un pulso bien tejido incluso para quien ya conoce los desenlaces.

Un libro excepcional. Entrañable, divertido, vertiginoso. Y depositario de una aptitud literaria sin comparación y de un saber que no conviene que perdamos.

Los peligros de fumar en la cama

Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973), 2009.

Anagrama.  1ª edición. 2017. 200 páginas

 

Siempre había querido decirle a la nena, la hija del último y actual dueño, que no tuviera miedo. No había nada que temer. Ella estaba ahí, pero la nena no la percibía, no podía verla; nadie podía percibirla salvo que, claro, tomara forma.    [p. 95]

 

 

Desde Argentina llega una colección de relatos de una periodista ya afamada: Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973). Su anterior colección, Las cosas que perdimos en el fuego (2009) se publicó (así lo afirma Anagrama) en veinte países. Los que recoge esta nueva colección son todos ellos inquietantes. Algunos de terror, otros más bien sórdidos. El sexo es importante. También lo rural, la infancia, la amistad y la familia.

No recuerdo dónde leí que la comparaban a Poe. No soy un gran lector de relatos, pero lo dejaría en que en este texto hay mucha adrenalina. Eso no es poco, en absoluto.