Trilogía del Baztán

Ofrenda a la tormenta

Dolores Redondo (San Sebastián, 1969).

Destino, 2013. 550 Páginas. 18’50 €.

Yo no soy más que el canal, el hilo conductor de una religión tan antigua y poderosa como el mundo que tiene su origen en el valle, bajo las piedras que conforman tu pueblo, tu casa…, y de un poder como nunca has imaginado, un poder que hay que alimentar.

Llega el fin de la Trilogía del Baztán. Y desde el principio, Redondo deja claro que la obra no está pensada para neófitos. Quien no haya leído los dos títulos anteriores, mejor que ni coja el libro, porque, retomando la técnica de Legado en los huesos, se entronca de forma directa con el anterior, ampliándolo, sin el menor preliminar. Se recupera la trama y se zarandea al lector sin concesiones desde el principio con un ritmo vertiginoso, que alcanza su punto culminante hacia la mitad de la obra. Esta primera mitad puede ser de lo mejor de la trilogía. A partir de entonces, se repliega un poco. Porque lo cierto es que los desenlaces parecen contenerse, lastrados por la reiteración de lugares comunes, que se convierten en tópicos de la autora, como las descripciones en tono introspectivo (en este caso adquiere protagonismo lo pasional y amoroso) o las recopilaciones del estado de la investigación que la protagonista hace a sus compañeros, recapitulando la trama quizás con demasiada insistencia. Por otro lado, el desenlace se prevé, o se puede prever, esperando el lector quizás una revelación adicional que finalmente no se produce y dando la impresión de que se desaprovechan algunos recursos (personajes).

Entre las opiniones que me rodean, el tercero es el más celebrado de los tres títulos, pero, admitiendo que una lectura es una experiencia en gran medida subjetiva, he de reconocer que no me ha parecido que destaque especialmente sobre los otros dos; lo cual no es poco. De gran factura, el alarde de Redondo se culmina con oficio pero sin artificio. Sin lugar a dudas, por otro lado, nos queda una aventura con la inspectora Salazar que permanecerá en la memoria, en un lugar discreto pero honroso, un Baztán convertido ya en una ruta literaria canónica y una vieja imaginería de los bosques vascos y navarros que nunca más nos será ajena.

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Legado en los huesos

Dolores Redondo (San Sebastián, 1969).

Destino, 2013. 550 Páginas. 18’50 €.

“Tenía miedo y eso no le gustaba nada. No era una necia, sabía que el miedo mantenía vivos, vigilantes y prudentes a los policías, pero el que sentía no era de esa clase que acelera el corazón cuando se detiene a alguien armado; era el otro, el miedo antiguo e íntimo, el que huele a orina y sudor, el viejo miedo en el alma que durante el último año había podido mantener a raya y que ahora reclamaba su territorio.”

Legado en los huesos comienza con Jasón Medina, uno de los detenidos por los crímenes del basajaun en El guardián invisible. Y, de entrada, esto ya supone uno de los logros de la segunda entrega de la Trilogía del Baztán, pues el personaje que enlaza ambas obras era secundario, colateral, anticipando que no estamos sólo ante un nuevo caso que se abre cronológicamente después de cerrarse el anterior, si no que se profundiza en el caso del basajaun partiendo de detalles que se creían cerrados o en los que no se había reparado, avanzando la historia, además de hacia adelante en el tiempo, hacia adentro en profundidad. Es admirable que ambos títulos se unan por tantos puentes transversales, no sólo el cronológico, y Jasón Medina es únicamente uno de ellos.

El horror que Amaia Salazar creía haber conjurado con la resolución del caso del basajaun vuelve al valle en forma de la reactivación de los crímenes. Y con él, las pesadillas del pasado que simplemente estaban en estado de latencia vuelven a asediar a nuestra protagonista, sumiéndola en ese característico ambiente oscuro y opresivo que parece impuesto por los bosques, la humedad, la niebla y el frío de Baztán. Desde los ojos de la Amaia enajenada por sus temores, todos los detalles, hasta los más cotidianos, están envueltos por el halo de magia, misterio y mitología que la donostiarra ha sabido crear en torno al Valle. Todo adquiere tintes épicos, pues contribuye a aumentar o aligerar una atmósfera tan opresiva que parece sólo obra de dioses o héroes.

Redondo usa las mismas armas de la primera entrega. La investigación mantiene en vilo al lector a lo largo de toda la historia, que se diluye sin merma en cien páginas más respecto a la primera. Hay un cambio en la perspectiva desde la que se vive la acción, inclinada aún más hacia lo femenino, condicionado por la recién estrenada maternidad de la inspectora. Los personajes, que ya eran atractivos en la primera entrega, ahora se enriquecen y se nos presentan con más matices. Incluso los secundarios, los que no toman parte protagonista en la acción, tienen una profundidad y un calado propio. Y el marco, Elizondo, sus pedanías y su entorno, es tan nítido como siempre. Es cierto que las referencias a la ambientación pueden acabar siendo repetitivas, usándose los mismos recursos demasiadas veces, e incluso se puede discutir que algunos giros argumentales sean poco claros o algo previsibles. Detalles pequeños que en todo caso no impiden que el Baztán sea por derecho una parada insoslayable en la historia canónica del thriller español contemporáneo.

El guardián invisible

Dolores Redondo (San Sebastián, 1969).

Destino, 2013. 430 Páginas. 18’50 €.

En el Baztán, la noche era oscura y siniestra. Las paredes del hogar seguían guardando como antaño los límites de la seguridad, y fuera de ellos todo era incertidumbre. No era extraño que hacía apenas cien años el 90 por ciento de la población del Baztán creyese en la existencia de brujas, en la presencia del mal acechando en la noche y en los ensalmos mágicos para mantenerlos a raya. La vida en el valle había sido dura para sus antepasados.”

El Guardián Invisible es uno de esos libros en los que el espacio es tan protagonista como los propios personajes. El río Baztán (el Bidasoa en su curso bajo) gobierna en las comarcas del norte de Navarra un frondoso y húmedo valle bajo un cielo eternamente gris plomizo. Unos bosques que con su imponente y amenazadora presencia parecen tomar parte en la trama tanto como los vecinos que los habitan. Como de la mano de las sólidas nieblas que tan a menudo bajan a visitarlos, llega también el horror en forma del macabro asesinato de la joven Ainhoa Elizasu. El crimen revela una violencia y una depravación animal que para muchos sólo puede ser obra de los habitantes del bosque, las criaturas mitológicas de las viejas tradiciones. Ahora, han regresado para castigar a los vecinos de Elizondo, para recordarles que nunca tuvieron que dejar de temer las advertencias de su ancestral cultura.

Al mando de la investigación, la inspectora Amaia Salazar ha de volver desde Pamplona al pueblo de su infancia para hacer frente a lo que parecen fantasmas de historias para niños, pero también a los fantasmas de su propia historia personal. El reencuentro con un pasado doloroso y con las cicatrices que ha dejado en el presente, la lucha interior por la redención, el machismo cotidiano o el fanatismo y la irracionalidad de quien ha pasado demasiado tiempo replegado sobre sí mismo son elementos que tiñen de intimismo un relato sin permitir que decaiga el pulso narrativo. La investigación policial se desarrolla de forma creíble y los personajes son profundos y coherentes. Todo esto constituye un enfoque propio al noir con el que Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) parece haber alcanzado las más altas cotas del género, como demuestra el hecho de que su Trilogía del Baztán, que comienza con esta obra, ha sido traducida ya a 15 idiomas, y que se ha convertido en una aportación sin precedentes.