Biografía

La mirada de los peces

Sergio del Molino (Madrid, 1979), 2017.

Literatura Random House1ª ed., 224 páginas.

 

El aburrimiento te convierte en Sísifo. Subes tu piedra maldiciendo la subida, pero no consientes que nadie te la cambie por otra cosa. Quieres tu maldita piedra, con su mismo peso y su misma textura de granito. Achica los horizontes de una persona, limita su mundo, dale lo mismo cada día a la misma hora. En unos años, rechazará todo lo que altere esa rutina que en verdad detesta, como se detesta a sí mismo. [p. 13]

 

Sergio del Molino (Madrid, 1979) es uno de los más valorados prosistas en activo. Su anterior obra, La España vacía, compite por ser el mejor ensayo de 2016. Y La hora violeta (2013), en la que reflexiona sobre la pérdida de un hijo, recibió los premios Ojo Crítico y Tigre Juan. Por todo esto, La mirada de los peces es una de las novedades editoriales más celebradas del año. En dos semanas, ya se ha publicado una segunda reimpresión.

En esta obra, del Molino retoma el tono autobiográfico de anteriores títulos. La narración gira en torno a la figura de un antiguo profesor de filosofía de instituto, Antonio Aramayona. Activista y provocador, Aramayona fue para del Molino uno de esos profesores que no se olvidan nunca. A él le debe su vocación literiaria. Ambos mantuvieron el contacto años después del instituto; hasta la llamada telefónica en la que Antonio le anuncia que ha decidido poner fin a su vida.

 

“Coherente hasta lo inverosímil”

Aramayona era conocido en algunos círculos periodísticos de Zaragoza, en los que fue compañero de profesión de Del Molino durante unos años. Esta fama se debía en parte a su activismo político: manifestaciones, escraches, organizaciones juveniles… en las que defendió posiciones de izquierda, desde la enseñanza pública hasta la muerte digna. Y precisamente esta última polémica le afectó en primera persona. Postrado desde hacía tiempo en una silla de ruedas, un dolor crónico le hacía insoportables los últimos años. Hasta que finalmente la coherencia personal sólo le dejó una salida.

 

La historia de una adolescencia difícil

No obstante, la historia de Aramayona es simplemente el detonante de la narración. A lo largo de las páginas, la atención se centra en la juventud de Del Molino. Su antiguo profesor queda como una presencia importante, pero no única. El desamor marcará pronto al joven autor, y constituye una fuerza narrativa con más peso en la novela. Como también lo son la literatura o la violencia latente en los barrios humildes de los 90.

El autor es originario de San José, en las afueras de Zaragoza. Aquí se desarrolla una adolescencia de la que Del Molino no guarda un recuerdo grato. San José es presentado como un escenario oscuro, poco motivador y asfixiante para el talento. Y el carácter del aragonés de la Transición es duro, especialmente con los “foranos” de Madrid.

Entre estética heavy, coqueteos con las drogas y amistades dudosas, Sergio va despertando paso a paso a los desengaños de la madurez. La figura de Aramayona es a veces uno de los anestésicos contra estos desengaños. Digo “a veces” porque esta obra no es una hagiografía, no se trata de El club de los poetas muertos. Aramayona es un hombre con virtudes y defectos, más un compañero de fatigas que un consejero.

 

Valoración de la obra

El autor establece en repetidas ocasiones que este libro nació como una colección de notas desordenadas. Que no había intención integradora. Quizá por eso el personaje de Aramayona acaba relegado a un plano tangencial. Quizás también por eso la impresión final del conjunto es un compendio algo deslavazado de anécdotas, entre las que destacan abrumadoramente los sinsabores, dando al conjunto un color gris melancólico. Esto no necesariamente es negativo, pero combina mal con el vacío de mensaje subyacente. Y con detalles estilísticos como el uso abusivo de algunos referentes: los peligrosos descampados o los pubs de rock que tantas veces servían de refugio.

Da la impresión de que La mirada de los peces es una obra con construida con la intención de aprovechar el éxito editorial de La España vacía. Construida quizás sin la maduración necesaria. Los momentos de lucidez, que sin duda contiene, no explotan todo su potencial. Como crónica de juventud es aceptable, si bien la sensación global es de estar lejos del mejor nivel del autor.

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El mundo

Juan José Millás (Valencia, 1946), 2007.

Planeta Booket. 1ª edición. 2009. 240 páginas. 

Premio Planeta ’07, Premio Nacional de Narrativa ’08

 

Un día se me ocurre la idea de que mientras yo permanezco con los ojos cerrados, el niño ciego ve, de modo que empiezo a cerrarlos con frecuencia, en clase de matemáticas, de geometría, durante la comida, en el recreo, también en el pasillo de casa, en el cuarto de baño, en la cocina… Tengo la convicción absurda de que un hay vínculo misterioso que nos obliga a compartir la vista. Llega así un momento en el que paso casi la mitad del día con los ojos cerrados. Las monjas empiezan a llamarme la atención; mi madre me pregunta si me ocurre algo; empiezo a producir inquietud a mi alrededor.      [p. 20]

 

Uno de los más grandes exponentes de la autoficción en castellano. Por el reconocimiento recibido, El mundo es ya un clásico contemporáneo: aglutina dos de los más prestigiosos galardones en nuestro idioma en menos de 250 páginas. En él, Juan José Millás, afianzado no sólo en el mundo de la novela si no también en el periodístico, compendia sus memorias, especialmente de la infancia, adolescencia y primera madurez. En estos episodios se dibuja a un hombre hipocondríaco y nervioso al nivel de la neurosis, traumatizado por la emigración de su familia de Madrid a Valencia y por una infancia siendo diferente. Alternando entre lo disparatado y lo trágico, el calificativo que domina la obra es el de entrañable. Empujado por lo divertida que resulta, cualquier lector empatiza con un narrador que, entre los márgenes de la fabulación y el recuerdo, se muestra generosamente humano y débil.

Limónov

Emmanuel Carrère (París, 1957), 2011.

Anagrama, 2016. 11ª ed (1ª ed. en 2013). Trad. Jaime Zulaika. 396 páginas.

No quiero hablar ni de neonazis ni de exterminadores de presuntos inferiores […], sino del modo en que cada uno de nosotros se adapta al hecho evidente de que la vida es injusta y los hombres desiguales: más o menos hermosos, más o meos dotados, más o menos armados para la lucha. Nietzsche, Limónov y esta instancia en nosotros que denomino fascista dicen al unísono: “Es la realidad, es el mundo tal cual es.” ¿Cabe decir otra cosa? ¿Cuál sería el contrapeso de esa evidencia?

 

Es el libro más aclamado de Carrére. Ganador del Premio de la Lengua Francesa, del Premio Renaudot y del “Premio de Premios” (Prix des Prix, elegido sólo entre libros ya premiados) en 2011. Y yo soy un admirador declarado de Carrère. Sin embargo, la combinación no ha sido la esperada. Quizás por esto es apasionante la literatura. Tal vez Limónov es diferente a obras como El adversario o El reino. Sin dejar de lado uno de los factores que, en mi opinión, más grande hacen al escritor francés, las deliciosas infiltraciones subjetivas, reflexivas y cristianas, Limónov es un libro escrito eminentemente “de puertas hacia afuera”, menos introspectivo e intimista. Es una biografía del excéntrico político, activista y escritor ruso homónimo. Pandillero, marginado social, vagabundo, escritor de éxito, intelectual, agitador, y político extremista y nostálgico del estalinismo.

Es indudablemente un buen libro. Carrère es un autor comprometido con su trabajo, muy autoexigente, de documentación escrupulosa y ritmo ágil: se lee como un thriller, como sucedía con El reino, en un nuevo desafío a las fronteras de los géneros. Si bien en esta ocasión, la biografía, la auto-biografía, los ensayos sobre literatura rusa o las profundas reflexiones, como la que reduce la oposición bien-mal a la oposición entre el cristiano-nietzscheano, conforman un conjunto algo menos cercano; algo menos emotivo.