Defensa cerrada

Defensa cerrada

Petros Márkaris (Estambul, 1937), 1998.

Tusquets Maxi, 4ª ed. 416 páginas (1ª ed. de Tusquets en 2001).

Trad. Ersi Marina Samará Spiliotopulu.

 

“La Acrópolis y Plaka, las estatuas y los parques…”, decía una vieja canción, la más popular en la academia de policía después del himno nacional. La ponían por los altavoces al menos dos veces al día, ya fuera para vendernos una Atenas inexistente o porque estaban convencidos de que el gobierno de la Junta recuperaría una ciudad “rosa y porosa”. El plan fracasó estrepitosamente. La Acróplis no se distingue ni desde el mismísimo barrio de Plaka que la rodea, mientras en los parques, bajo las estatuas, duermen inmigrantes ilegales, yonquis, o ambas cosas a la vez; dos en uno, como los champús.

Como con Noticias de la noche, lo mejor de la segunda novela del comisario Kostas Jaritos es el personaje principal, no tanto una trama que no en todos los capítulos avanza pero que se desenvuelve con ritmo suficiente como para terminar el libro. Se inicia con un terremoto en una isla turística que desentierra un cadáver que acabará relacionándose con un importante empresario de la noche ateniense.

A Jaritos se le dedica más espacio que en la primera entrega, con resultados muy positivos. Entre los atascos atenienses, el agotamiento laboral y los serios problemas de salud, el comisario tiene que sacar tiempo para atender una deliciosa trama secundaria de problemas familiares. En el marco de la Atenas de finales del pasado siglo, Markaris vuelca en su personaje su europeísmo, su desencanto crepuscular y sus críticas al status político y social y a los medios de comunicación. Jaritos sigue siendo un hombre desencantado, avejentado, honesto, vagamente misógino y sin la perversidad de los personajes tipo Marlowe. Y profundamente entrañable.

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