Ignacio Echevarría

Música para feos

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), 2015.

Booket, 1ª ed. 214 páginas.

Era un viernes por la noche, o lo que es lo mismo, el momento más temido por una mujer como yo: joven, pero ya no tanto como para tener el alma y la piel libres de rasguños, y con algún recorrido a las espaldas, pero todavía no tanto como para comprarme un gato y no esperar nada más de la vida. El temor se agrava cuando compruebas que en ese momento fatídico no tienes grabado en la agenda del móvil el número de nadie a quien puedas llamar sin que la perspectiva te inspire aburrimiento, asco o la mezcla de ambos. En esa situación, detestable y absurda, bien puede suceder que te prestes a probar alguna solución descabellada. Y eso fue, justamente, lo que yo hice.     [p. 13]

 

A propósito del libro de Lorenzo Silva Carta blanca (Espasa, 2004), Ignacio Echevarría escribió una crítica con afirmaciones un tanto aventuradas (como el propio título, “El taciturno novio de la muerte”) pero que contiene algunas ideas que sintetizan bien mi visión de la parte de la obra de Silva que conozco:

En el panorama de la actual narrativa española, Lorenzo Silva es uno de los mejores exponentes de lo que, sin reticencias de ningún tipo, cabe entender por escritor profesional […] Solvente, concienzudo a su manera, técnicamente bien pertrechado, y muy sensible a los gustos y a las demandas del gran público. Sin preocuparse mucho por su propio carisma, y sin andarse en general con manías, el escritor profesional se entiende bien con una industria editorial […] y que le sirve a él para labrarse una próspera carrera que se desarrolla hasta cierto punto al margen de los prestigios y de los escalafones por los que suelen competir la mayoría de sus colegas.

Docena y media de títulos publicados en menos de una década, entre ellos unas cuantas novelas muy exitosas, traducidas a varias lenguas y adaptadas o pendientes de adaptación al cine, dan cuenta, en el caso de Lorenzo Silva, de un ritmo de producción incansable, que en buena medida se explica por el recurso a plantillas genéricas, que Silva emplea con astucia, imbuido siempre de un espíritu divulgador, pedagógico incluso, y guiado por la obsesión -insiste él siempre- de no aburrir.

El resto de la crítica puede encontrarse aquí: http://elpais.com/diario/2004/04/24/babelia/1082764216_850215.html. Por cierto que provocó la esperable respuesta del propio Silva en su web (http://www.lorenzo-silva.com, en el apartado dedicado al libro en cuestión).

Más allá de polémicas, yo también creo que todas las novelas de Silva tienen puntos en común. Por un lado, ese sabor a “novio de la muerte” que deja su sensibilidad por la intimidad de lo marcial o lo policial (serie Bevilacqua), o bien el resabio canalla de algunos de sus protagonistas (La flaqueza del bolchevique), y ese estilo impecable hasta límites pedagógicos trufado a veces, y en este caso es así, de líneas absolutamente inspiradoras. “Plantillas”, como diría Echevarría, que hacen que, cuando menos, el sello Silva sea una apuesta segura.

Estamos ante una clásica historia de amor entre Mónica, una chica precarizada y un tanto sin rumbo en Madrid, con la que tantos empatizamos, y Ramón, mayor que ella y con grandes secretos. Sin ser tan brillante como otras, Música para feos es una vez más género de alta calidad.