La reina sin espejo

La reina sin espejo

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), 2005.

Booket, 5ª ed. 382 páginas.

No era el asesinato de Neus Barutell, ni tampoco la perspectiva de tener que dirigir un equipo heterogéneo y problemático para esclarecerlo, lo que me impedía dormir. Se trataba de algo mucho más vago e insoluble, la pasta espesa de la que están hechas las noches de un hombre a partir del instante en que empieza a percibir que ha vivido y errado más de lo que le gustaría. Varían los recuerdos que acuden en cada momento para formar el ingrato mejunje, a veces ni siquiera se trata de recuerdos precisos, pero la mezcla siempre sabe a decepción y su color tiende a ser más turbio de lo deseable. Creo con convicción que ésa es la sustancia más letal que transportamos en nuestras alforjas, y que en la hora nocturna en que suele desbordarse conocemos el apogeo de nuestra vulnerabilidad.    [p. 95]

 

En esta entrega de la serie de Bevilacqua, que no es la más adictiva pero que mantiene el buen nivel de solvencia, la narración comienza con el asesinato de una prestigiosa periodista y presentadora de televisión. En el desarrollo de la investigación toma importancia su marido, escritor de profesión, utilizado por Silva para plasmar preocupaciones propias.

Esta entrega es continuista tanto en los pocos puntos débiles como en sus muchos puntos fuertes. Los primeros son la reincidencia en ciertos temas: psicología y los cuerpos de policía y Guardia Civil, con sus combinaciones tan del gusto del autor. Y, sobre todo, un estilo didáctico y perfeccionista, de admirar, pero que no encaja bien con algunos personajes. Los segundos son los que justifican los geniales efectos de la “fórmula Silva”: una acción muy bien tensada, digresiones conmovedoras y lúcidas (como la transcripción de más arriba), y personajes muy carismáticos. Seguimos en ello.

Anuncios