Literatura del s. XX

Seda

Alessandro Baricco (Turín, 1958), 1996.

Círculo de lectores, 1ª ed. 154 páginas.

Trad. de X. González Rovira y C. Gumpert

 

Gozaba discretamente de sus posesiones y la perspectiva, verosímil, de acabar siendo realmente rico le dejaba completamente indiferente. Era, por lo demás, uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración de vivirla.

Habrán observado que son personas que contemplan su destino de la misma forma en que la mayoría acostumbra contemplar un día de lluvia.   [p. 13]

 

La maravillosa novela escrita en 1996 por Alessandro Baricco no solo bordea temáticamente la seda, sino que es seda en cuando a sus propiedades literarias; en cuanto a su poder evocador, su lirismo, su sutileza y su ambientación orientalista. Sólo 150 páginas, que se leen del tirón en un acto de generosidad con uno mismo, que invocan las pulsiones que tienen el poder de deshilachar la vida de un hombre.

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Demian

Herman Hesse (Calw, Imperio alemán, 1877 – Montagnola, Suiza, 1949), 1919.

Alianza Editorial, 1998, 5ª ed. Trad. Genoveva Dieterich. 175 páginas. (1ª versión de Alianza de 1968 con 27 ediciones).

 

La vida de cada hombre es un sendero hacia sí mismo. El intento de un camino. El esbozo de un sendero.            (p. 10)

 

En su decimoprimera novela (si se incluyen los libros de relatos), el alemán Herman Hesse (1877 – 1962), Premio Nobel de Literatura en 1946, crea una novela con vocación universal, trufada de grandes sentencias sobre la condición humana. No sé, por ahora, si es una tendencia general en su literatura. El lobo estepario, escrita unos seis años después que Demian y que desde hace mucho quiero leer, puede ser un buen siguiente paso.

La presente se trata de una novela de iniciación, la historia de la juventud de Emil Sinclair desde que conoce a un joven, Demian, que encarna los axiomas generales de realización personal, como se lee en la contraportada, en la repulsa de la sociedad burguesa y masificada. En muchas ocasiones, esta repulsa se articula en términos de denuncia a dogmas religiosos que actualmente pueden estar algo obsoletos, lo cual plantea la discusión sobre su vigencia. Pero además de la religión, el contraste entre Emil y Demian gira en torno a temas como la persecución de los sueños, la introspección, el patriotismo, etc.

En Demian, Hesse vuelca su obsesión por la psicología junguiana, sea lo que sea lo que signifique eso. En todo caso, Jung debió de considerar muy importantes los sueños, pues lo onírico tiene gran importancia en la obra, como representación de realidades ignotas en el hombre. Pero por encima de todo esto, el poder de Demian, desde mi punto de vista, lo constituye precisamente su citado carácter universalista. Suponer la existencia de un bien objetivo es el punto de partida para cualquier acción ética. Y el mejor camino hacia el descubrimiento de la naturaleza de este bien universal es la cultura. Desde este punto de partida, se construye una reivindicación del humanismo y de la individualidad sobre los males de la sociedad. El matiz de la cultura como herramienta que ennoblece del hombre, que lo hace mejor, es una idea sobre la que he sentido pivotar la obra, y en virtud de la cual la he conseguido entroncar con algunas sugerentes convicciones.