Novela negra

Irène

Pierre Lemaitre (París, 1951), 2006.

Penguin Random House. Debolsillo. 1ª ed. (2016). 438 páginas.

¿Se ha dado cuenta (sé que sí) de hasta qué grado de exactitud he llegado? ¿Con qué fidelidad he homenajeado al maestro? Fue un trabajo duro. La preparación fue muy larga.      (p 221)

El género policiaco es muy socorrido cuando se busca una lectura distendida. Quizá por eso se consumen tantas novelas de este tipo. Y quizás por esto los aficionados ya no se conforman con cualquier cosa. Irène supera sobradamente la prueba. Primero, porque su ritmo no es equilibrado, sino francamente basculado hacia el vértigo, como debe ser. Segundo, porque los personajes son carismáticos pero creíbles. Sobre todo el comandante parisino Camille Verhoeven, que ha vivido siempre marcado por su muy limitada estatura. Y tercero, porque los momentos cruciales que hacen avanzar la investigación no se hacen depender (al menos, no en exclusiva) a iluminaciones providenciales. Algo a valorar en un género que, por desgracia, no suele corresponder a los lectores con el mismo grado de exigencia.

Estos factores convergen en la investigación de la Brigada Criminal de Verhoeven acerca de un asesino en serie enfermizamente vinculado con el mundo de la cultura. El resultado es notable pese a una edición de Penguin (1ª edición Debolsillo) francamente bochornosa: en el reverso se desvelan claves que no se conocerán hasta pasada la mitad del libro. En conjunto, la novela es algo predecible (especialmente cuando se sabe quién es la Irène del título) y deja la sensación de reiteración de algunos recursos (el anuncio del descubrimiento de nuevas pistas interrumpiendo conversaciones bruscamente). Pero presenta a Lemaitre como un escritor a seguir de cerca y a Verhoeven como un agradable compañero de aventuras. Especialmente después del giro hacia el final de la novela, cuando todo lo que se había leído sobre él a lo largo de cuatrocientas páginas estalla por los aires y se vuelve a convertir en un completo desconocido al que hay que volver a descubrir.

Anuncios

La ciudad blanca

Karolina Ramqvist (Gotemburgo -Suecia-, 1976), 2015.

Anagrama. 1ª edición. 2017. Trad. de Carmen Montes Cano

 

En cuanto entró por la puerta, y después de cerrarla bien con llave, se quitó con el pie los botines empapados y llenos de barro allí mismo, en el pasillo, dejó en el suelo la sillita, donde Dream seguía durmiendo, y devolvió al cajón el billete de quinientas coronas. Solo quedaban dos. Y dos de cien. Una miseria.

Cogió la pistola y la sopesó en una mano.    [p. 99]

 

Karolina Ramqvist (Gotemburgo, 1976) es una periodista sueca, editora jefe de la revista Arena y colaboradora de otros diarios. Su tarea literaria se limitaba a varias novelas y relatos con una trascendencia limitada a su país, donde es una escritora influyente. Hasta su última novela, La ciudad blanca. Con apenas doscientas páginas, se ha hecho con el Premio Per Olov Enqvist, uno de los más prestigiosos de Suecia, y ha dado un salto muy lejos de sus fronteras. En Escandinavia ya es un bestseller. Recientemente, Anagrama lo ha importado al público hispanohablante, entre el que va camino de tener muy buena acogida. Éxito debido, en parte, a contener un notable ejercicio estilístico de contención y un posicionamiento temático poco habitual.

 

Blanco nórdico

La vida de Karin se ha desmoronado. Aunque poco a poco Ramqvist nos devela sus secretos, nuestra protagonista nunca dejará de ser un misterio. Sobre ella conocemos a Dream, su bebé, y a John, quien en el pasado estuvo a su lado. Pero John ya no está, y los restos del naufragio de una vida en común se ciernen sobre Karin, erosionándola poco a poco. Vive recluida en su casa, asediada por la nieve, el frío, la oscuridad y el desamparo. Más bien sobrevive, pues sus recursos se acaban de agotar. John tenía ocupaciones peligrosas y turbias, pero que costeaban una vida feliz y desaprensiva. Hasta que todo estalló por los aires.

 

Tensión contenida

Como se ha dicho, una de las grandes aportaciones de La ciudad blanca es estilística. Blamqvist demuestra una destreza genuina en el manejo de las descripciones. Desde escenas intimistas, se consigue transmitir un mensaje de gran potencia: desesperación,  agotamiento, ansiedad, miedo, violencia… Y todo esto sin apenas hacer que el personaje protagonista abandone la casa. Este despliegue es posible gracias a una administración magistral de la información que el lector desconoce. La mayoría de la cual, por cierto, nunca llegará a conocer. Sin embargo, la autora

nos demuestra las incógnitas incógnitas que rodean a Karin pueden ser tan elocuentes como los actos consumados.

 

A caballo entre géneros

Este planteamiento hace que formalmente la novela sea difícil de clasificar. La publicidad ha dicho de ella que se lee como un thriller, pero no lo es. Es difícil concebir este género sin acción. Es más bien una novela intimista, que orbita en torno a los sentimientos que asedian a una madre desesperada. El desasosiego con el que convive Karin proviene de un pasado, el de su marido, que bien podría haberse descrito en un thriller, pero que se relega al universo imaginario del lector. Entretanto, una ejecución literaria llamativa sitúa La ciudad blanca como una novela que está lejos de ser memorable, pero que sí es interesante para un ojo experto.

La marca del meridiano

Lorenzo Silva (Madrid, 1966),  2012.
Booket, 2ª ed. 2016. 400 páginas.
Premio Planeta 2012

 

Todos llevamos ese animal, que conduce a la perdición a quien vive a su dictado, y a descubrir y a vivir la pasión que lo sostiene todo a quien aprende a domeñarlo y convivir con él.   [p. 305]

 

La marca del meridiano me ha servido para recordarme que no hay que fiarse de los premios literarios, y menos de los más comerciales. Muchos de ellos no parecen concederse al título premiado, si no a las últimas obras de un autor, en restrospectiva.

El número más celebrado de la serie de Bevilacqua y Chamorro es posiblemente también el más insulso. Aunque la culpa puede ser de mis expectativas. Eso sí, sin llegar a ser un mal libro; al fin y al cabo se trata de Silva. Sus rasgos característicos parecen caricaturizarse a sí mismos. Se abusa del sarcasmo, y los entresijos de la investigación, que en otras entregas es uno de los puntos fuertes, aquí abruman. Cuando al fin se llega a los momentos culminantes, no se dice nada que no parezca haberse dicho antes. Dos puntos positivos: primero, las escenas en discotecas, que Silva domina. Segundo, que al fin, después de tanto tiempo, se desvela una parte muy importante del pasado de Vila.

Todo lo que muere

John Connolly (Dublín, 1968), 2004.

Tusquests. eBook. 432 páginas. Trad. de Carlos Milla Soler.

 

Avancé con cautela hacia la cocina, rozando con las yemas de los dedos la fría pared de mi izquierda. La puerta estaba casi cerrada y la abrí despacio con la mano. “¿Susie?”, llamé a la vez que entraba. Resbalé ligeramente al pisar algo húmedo y pegajoso. Bajé la vista, y estaba en el infierno.      [p. 10]

 

El irlandés John Connlly (Dublín, 1968) ha adquirido renombre gracias, entre otras, a la publicación de la serie de novelas protagonizadas por el detective de Brooklyn Charlie “Bird” Parker. Recientemente Tusquets ha publicado la última entrega: Tiempos oscuros (entrevista a este propósito en el programa Página 2).

Una de las principales apuestas de esta saga es la historia singular de Parker, que se cuenta en las primeras páginas del libro. Tras una discusión con su mujer, sale a beber. Al regreso, la encontrará brutalmente asesinada, junto a la pequeña hija de ambos. Es apartado del cuerpo y ahora se gana la vida como detective privado. Desde entonces, vive consumido por la culpabilidad, el deseo de venganza y el esfuerzo por silenciar estas pulsiones en el esclarecimiento de otro caso. El cual le lleva al profundo sur americano. No obstante, el autor de los asesinatos contra su familia no tardará en hacer acto de presencia.

Lo que me decidió a darle una oportunidad es una baza que juega Connolly y que hasta ahora me resultaba una novedad en la tradición policiaca: los sucesos sobrenaturales.  Sobre un planteamiento tradicional, se incluyen rasgos en la naturaleza del asesino, y en la relación que Parker experimenta con su esposa e hija difuntas, que tienen muy difícil explicación. Generando un ambiente parecido al de True Detective.

No obstante, no se aprovecha el potencial de una idea de partida tan buena. Hay un problema con el ritmo, creo que porque le sobran unas doscientas páginas, invertidas en una montaña irrelevante de personajes, a menudo presentados con historias o chascarrillos particulares previos, muchos de los cuales podían haberse fundido en uno solo o directamente eliminado. O en descripciones de lugares indefectiblemente al comienzo de cada escena. Por último, la historia llega a una culminación hacia la mitad exacta, y bien podría haber terminado. Pero se reinicia renqueante para empeorar aún más. Lastrado por estos defectos, Todo lo que muere resulta una obra que se lee con mucha pereza y que no invita a profundizar en la historia de Bird Parker.

La estrategia del agua

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), 2010.

Booket (Planeta). 5ª ed., 2016. 411 páginas.

Pude así recobrar aquella enojosa sensación, tan semejante a que se le queda acabado el guateque al irreflexivo dueño de la casa (o a su asistenta, en los hogares pudientes), y que de tanto saborearla ya se había convertido para mí en una especie de forma de vida.             [p. 62]

 

La estrategia del agua es el sexto número de la serie protagonizada por los guardias civiles Andrés Bevilacqua, alias Vila, y Virginia Chamorro. Esta colección es ya uno de los clásicos de la novela policíaca en castellano. Por mencionar sólo parte de su historial, cuenta con un Premio Nadal (en el 2000 por El alquimista impaciente), un Premio Planeta (en 2012 por La marca del meridiano) y dos adaptaciones cinematográficas. Con la reciente publicación de Tantos Lobos, la serie cuenta con nada menos que diez títulos, dos de ellos libros de relatos. Y todo esto en solo 19 años de existencia.

Y es que la productividad de Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es legendaria. Es una de las razones que le han aupado a lo más alto de la narrativa actual. En su haber se cuentan más de cuarenta títulos. Y casi ningún género queda fuera de su alcance. Pues además de la policíaca, Silva domina la novela histórica (Carta blanca, 2004, Premio Primavera; o la reciente Recordarán tu nombre), el relato (El déspota adolescente, 2003), el género infantil y juvenil (Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, 1997), el ensayo (Sereno en el peligro, 2010, Premio Algaba) y la novela negra (La flaqueza del bolchevique, finalista del Premio Nadal 1997).

 

Guardias con solera

La estrategia del agua tiene en común con el resto de novelas de la serie de Bevilacqua varios rasgos estilísticos. En primer lugar, la relación entre ambos protagonistas, que ha evolucionado con los años desde la disciplinaria hasta la profunda amistad que se profesan en estas páginas. Un amplio trabajo de documentación sobre la parte rutinaria de la investigación criminal. Un magnífico dominio sobre la descripción y el diálogo. Y, ante todo, unas digresiones introspectivas firmadas por el protagonista, Bevilacqua, que desde la nostalgia llegan a ser en ocasiones poderosamente emotivas.

Otra de las características de la serie es el estilo expresivo de Silva. Muy didáctico y claro en las digresiones, sin el cual estas no serían tan valiosas. Pero quizás demasiado artificial en los diálogos. Las oraciones son tan largas y tan elaboradas que en boca de los personajes carecen de verosimilitud. Este rasgo es especialmente importante en este título, pues la historia se desarrolla sólo en un par de días y los diálogos cobran mucha importancia.

 

Padres coraje

En esta entrega Vila dirige el equipo encargado de esclarecer la muerte de Óscar Santacruz. La víctima tiene antecedentes por tráfico de drogas y violencia de género. Sin embargo, la parte decisiva de su historial será su reciente divorcio. Uno de los temas principales de los soliloquios de Vila en esta entrega son estos padres divorciados que tienen todo en contra para participar en la educación de los hijos. Además, es la situación del propio Vila.

También se dedica bastante atención al cohecho. La narración comienza con un turbio fallo judicial que pone en libertad a un hombre recientemente capturado por Bevilacqua. Esto exagerará su ya característico cinismo.

Ambos temas tocan por tanto de cerca a Bevilacqua, relegando a Chamorro a una posición más secundaria de lo habitual. El escenario, por su parte, es Madrid, ciudad natal y predilecta del autor y que se convierte por momentos en un personaje más.

 

Serenos ante el peligro

La estrategia del agua mantiene el gran nivel al que los lectores están acostumbrados. Vuelve a seducir con la parte más prosaica del trabajo de investigación. Los personajes mantienen su carisma. Y se consigue empatizar de nuevo con el lector a nivel emotivo e intelectual. El sello Silva sigue en muy buena forma, y hace grandes promesas.

 

 

Rey de picas

Joyce Carol Oates (Lockport, 1938), 2016.

Alfaguara. eBook. 232 páginas. Trad. de José Luis López Muñoz.

 

Se podía verter encima buen mantillo, pero se lo tragaría. Era posible colocar encima tablones para cruzarlo, pero también se los tragaría. Lo mejor era evitarlo. Los gases venenosos resultaban embriagadores, creaban adicción.       [p. 126]

Joyce Carol Oater (Lockport -Nueva York-, 1938) es uno de esos nombres a los que se suele colgar el ominoso título de “eterna candidata al Nobel”. Una de las bazas que tiene a su favor es la productividad; sorprende que una sola carrera literaria pueda llegar a cundir tanto. Pero por encima de ella está su flexibilidad: no sólo ha cultivado todos los géneros literarios, sino que dentro de cada uno de ellos ha adoptado diversos registros (novela negra, crónica social, dramas, …). Pocos rasgos comunes podrían deducirse, aunque me gustó leer que todos ellos contenían una más o menos velada denuncia al ocaso ético de la sociedad contemporánea.

Escogí Rey de Picas porque era una novela negra y además breve. Quizás una buena forma de adentrarse en esta autora. Y he descubierto una obra maestra. Andrew J. Rush, escritor americano de éxito especializado en suaves novelas detectivescas para público mayoritario, está íntimamente relacionado con “Rey de Picas”, seudónimo bajo el que se esconde otro escritor, de novelas gore aptas sólo para un público “seleccionado”. Con el tiempo, Rey de Picas empieza a tener cada vez más ascendencia sobre nuestro protagonista. No sólo para influenciarle en su comportamiento, si no también para hurgar en un pasado que nos descubrirá facetas desconocidas de Rush. Siguiendo una estrategia de desengaño y desenmascaramiento que me recordó a La cena de Koch. Novela entretenida, sin complejos ni ambición, que son sin duda algunos de los ingredientes con los que está hecha la literatura de más alta calidad.

Canción dulce

Leila Slimani (Rabat, 1981), 2016.

Cabaret Voltaire. 1ª edición. 2017

Premio Goncourt 2016

 

Se queda callada. No sale de su escondrijo, ni siquiera cuando gritan, lloran, se desesperan. Agazapada en la oscuridad, espía el pánico de Adam, postrado, sacudido por los sollozos. El pequeño no entiende. Llama a Louise, sin pronunciar la última sílaba, los mocos le chorrean por los labios, las mejillas las tiene moradas de rabia. Mila también siente miedo. Durante un instante, se cree que se ha marchado de verdad, los ha abandonado en esta casa sobre la que caerá la noche…   [p. 61]

Reseña en Le Miau Noir

La carne

Rosa Montero (Madrid, 1951), 2016.

Penguin Random House (Colección DeBolsillo). 1ª edición. 

 

La última vez que hizo el amor. ¿Y si no volvía a tener un amante? La gente casi nunca sabía cuándo era la última vez que hacía algo que le importaba. La última vez que subes a un monte. La última vez que esquías. La última vez que tienes un encuentro sexual. Porque a ese cuerpo mutante que de pronto se plisaba, se ablandaba, se cuarteaba, se desplomaba y se deformaba, a ese cuerpo traidor, en fin, no le bastaba con humillarte: además cometía la grosería suprema de matarte.    [p. 30]

 

Reseña en Le Miau Noir

Hombres desnudos

Alicia Giménez-Bartlett (Almansa -Albacete-, 1951), 2015.

Planeta, 1ª ed. 474 páginas.

Premio Planeta 2015

 

De nuevo, las necesidades de la amistad. A Genoveva todo el mundo le ha dado un poco de lado. Es mayor que yo, ronda los cincuenta. En su día montó un buen escándalo porque dejó a su marido para largarse con su entrenador personal, un chaval carne de gimnasio, guapo, joven y cutre. Llegaron a convivir algún tiempo, pero la pasión no tardó mucho en irse al traste. Un día me explicó que el chico decía: “Me se ha ocurrido una idea”, calcomonías, y empleaba temática en lugar de tema. La ponía de los nervios, claro está.    (p. 36)

La doctora en filología y escritora Alicia Giménez-Bartlett (Almansa, 1951) es principalmente conocida por sus novelas policiacas protagonizadas por la inspectora Petra Delicado. Su obra Donde nadie te encuentre (2011) fue galardonada con el Premio Nadal.

En esta ocasión, aborda el tema eterno de la soledad, a través de una trama donde unos personajes entrañables, especialmente Iván, gigoló de clubes nocturnos, pivotan en torno al negocio de los espectáculos para adultos y la prostitución masculina. Es una novela de la crisis, pues esta forma de ganarse la vida surge de la necesidad; es una vía cuando no queda otra. También es una novela negra, pues, pese a sus episodios de luminoso optimismo, el tema central de la narración es cómo la desesperación, el miedo a lo desconocido o los complejos personales pueden sacar lo peor de nosotros mismos.

Javier, personaje en el que se intuyen notas autobiográficas, después de la ruptura con su pareja y de su despido laboral, se ve sumergido por Iván en un mundo que le reporta dinero fácil y que puede suponer una salida a corto plazo del bache en el que se encuentra. En este ambiente, conocen a Genoveva, otro personaje magistral, y a Irene, con las que las unirá un vínculo del que dependerá el futuro de todos. La narración es en primera persona, alternándose de párrafo a párrafo entre uno y otro de los cuatro protagonistas.

Pese al cierto regusto de autocomplacencia y de desinhibición algo forzada, las páginas caen sin darse uno cuenta. Gran capacidad narradora que se despliega no sólo en la profundidad psicológica, también en situaciones con la dosis justa de tensión, de dramatismo o de humor negro. Un acompañante de lujo.

La chica del tren

Paula Hawkins (Harare -Zimbabwe-, 1972), 2015.

Planeta, 8ª ed. 491 páginas.

Trad. de Aleix Montoto

 

Me gustaba. De hecho, me encantaba. Nunca me sentí culpable. Pero hacía ver que sí. Tenía que hacerlo por mis amigas casadas, las que vivían con el miedo de la au pair coqueta, o de la guapa y divertida chica de la oficina con la que se podía hablar de fútbol y se pasaba media vida en el gimnasio. Tenía que decirles que por supuestoque me sentía fatal, por supuesto que lo sentía por la esposa, yo no había querido que pasara todo esto […]     (p. 360)

El efecto “thriller veraniego” que logra récords de ventas sin ser literatura especialmente buena, aunque en ocasiones ciertamente adictiva, situó el año pasado, 2015, La chica del tren, en los cinco millones de ejemplares vendidos (el que yo leo, publicado en julio, es una octava edición). Estas novelas frecuentemente están escritas por autores sin grandes precedentes, empujados a primera línea de fuego por las entusiastas editoriales a las que no les hace especial gracia la discusión en torno a la calidad literaria. Es el caso de Paula Hawkins (Harare, 1972), periodista de The Times en Londres pero criada en Zimbabwe.

La chica del título es Rachel, víctima de un pasado reciente traumático que le ha hecho naufragar en el alcoholismo. Y el tren es el de las 08:04 hacia Londres que coge diariamente desde su casa. En este trayecto, el tren se detiene siempre cerca del mismo vecindario, donde tiene ocasión de observar las escenas privadas que ocupan a la joven pareja de una de las casas. Una vida feliz que ella envidia y añora porque le fue cruelmente arrebatada. Hasta que llega el día en que parece que no es oro todo lo que reluce. En este punto, comienza a desarrollarse una trama criminal en la que Rachel en parte se ve involucrada y en parte usa para exorcizar sus propios fantasmas.

Trama concebida por unos personajes profundos, cuya delineación en ningún momento permite que la descripción invada el terreno de la acción, en una nivelación maestra del conjunto. Los problemas de las tres protagonistas femeninas se desarrollan en una secuencia que alterna las confesiones de cada una ellas, con frecuentes saltos temporales, que van configurando una visión cada vez más panorámica. En esta visión se incluye un tratamiento profundo del problema del alcoholismo y una emotiva evocación del pasado feliz irrecuperable y de los salvajes desgarros de la pasión.